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Domingo Henares

Domingo Henares


Como un silencio

06/02/2022

Cada día que pasa es mayor la insistencia en que el papel moneda como forma de pago está llamado a desaparecer. Y es que, decididamente, nos ha tocado vivir una etapa de la Humanidad en la que ninguno de los hombres quiere ser su propio antepasado. Cuando llegue el futuro, ellos quieren estar allí, y así cada día que pasa, de manera que es una suerte de inmortalidad garantizada. Adelantarse al porvenir es estar presentes para entonces, cuando llegue el día que ha de llegar. Aunque hacerlo a costa de eliminar el papel moneda es un camino muy peligroso, pues un porcentaje alto de ciudadanos ignora todavía (para largo tiempo) el manejo cómodo de las tarjetas de crédito y de los cajeros automáticos, los vericuetos insondables de Internet, las firmas digitales y los pagos electrónicos, en ese universo de operaciones online, que también cualquier día, por la punta de los dedos, se nos caerá de las manos.
Y qué será, cuando llegue el caso, del mendigo aquel en el atrio de una iglesia que cantaba Antonio Machado: «Con las órbitas huecas de sus ojos / ha visto cómo pasan / las blancas sombras en los claros días / las blancas sombras de las horas santas». Ya no estará en su sitio de costumbre con la mano tendida, viendo pasar a la buena gente y suplicante de un céntimo reverente, porque ya no hay papel moneda ni amor en efectivo como limosna que se tiene por rutina con los pobres acostumbrados. Ante el porvenir tan sombrío, si es que llega, los pobres de solemnidad se han hecho cruces y guardan como un silencio que no les sirve de remedio. Vivían de moneda fraccionaria y tendrán que buscarse otro consuelo.