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Villa de Pitanxo, una verdad sumergida

Maricruz Sánchez (SPC)-Agencia
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Las familias de los 21 fallecidos en el naufragio del pesquero gallego el pasado febrero en aguas de Canadá exigen que se recupere el pecio para poder aclarar las auténticas causas del siniestro

Villa de Pitanxo, una verdad sumergida - Foto: PAUL DALY Europa Press

Respuestas y, en último término, recuperar los cuerpos de sus seres queridos. Ese es el clamor unánime de los familiares de las 21 víctimas del naufragio del Villa de Pitanxo, acaecido durante una tormenta en las aguas del Atlántico Norte en Canadá, a 280 millas de la costa de Terranova, el pasado 15 de febrero. Un anhelo que parece no ser atendido, después de que esta pasada semana mantuvieran una reunión con la ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, de la que no salió ningún compromiso claro. 

«Esperábamos que la decisión de bajar al pecio estuviese madurada porque ya ha quedado claro con toda la documentación que hemos aportado durante estos meses que es posible, que técnicamente es viable, que no hay impedimentos legales, que es seguro, que el importe económico no es una exageración», señaló tras el encuentro la portavoz de las familias, María José de Pazo. 

Si la respuesta es positiva, «tendrán la gratitud de toda la gente del mar», apostilló, para añadir, «y el Gobierno habrá cumplido con su obligación, que es garantizar la investigación objetiva y obtener pruebas y custodiarlas».

Villa de Pitanxo, una verdad sumergidaVilla de Pitanxo, una verdad sumergida - Foto: MARISCALCon ese deseo, seguirán gestionando el dolor que les dejó la tragedia, en un caso que en todas sus variantes sigue encallado. Y es que, el tiempo apremia, como recordó De Pazo, hija de Francisco, el maquinista que iba a bordo del arrastrero y el más veterano de la malograda tripulación. 

Debe actuarse en época estival por la meteorología y todas las miradas están puestas ya en el encargado de pasar a la acción: el Vizconde de Eza. El buque oceanográfico lleva días amarrado en Vigo, a la espera de una orden que no llega y que podría no hacerlo. 

Los técnicos han aconsejado al Ejecutivo no descender en busca de los restos del pesquero al considerar la operación inviable. El Vizconde de Eza «no está adaptado para un dispositivo de este calibre», destacan, para «soportar» un robot sumergible de las dimensiones del que se necesita para llevar a cabo un rescate de estas características.

Villa de Pitanxo, una verdad sumergidaVilla de Pitanxo, una verdad sumergida - Foto: Luis MillánMientras, las pesquisas para tratar de aclarar el siniestro continúan estancadas, tanto por parte de la Comisión de Investigación de Accidentes Marítimos (CIAIM) como de la de la Justicia, una vez recogidas las declaraciones a primeros de junio en la Audiencia Nacional de los tres supervivientes del hundimiento -el patrón Juan Padín, su sobrino Eduardo Rial, y el marinero ghanés Samuel Kwesi.

Por su parte, el Grupo Nores, propietario del arrastrero, guarda silencio desde la emisión de un comunicado en el que relacionaban el accidente, según lo trasladado por el patrón, con una parada repentina del motor principal que habría dejado al barco sin propulsión ni gobierno, expuesto al viento y al oleaje. Esto habría ocurrido en plena maniobra de virada del aparejo y Padín no estaría en condiciones de controlar la situación posterior, la de los embates que escoraron y hundieron al pesquero de 50 metros de eslora, con base en Marín (Pontevedra), de una forma muy rápida.

Versiones diferentes

Este el testimonio que defienden el patrón y su sobrino, pero no Kwesi, según trascendió de sus declaraciones ante la Guardia Civil. El marinero relató ante el Instituto Armado que el motor no se paró súbitamente, sino que fueron las maquinillas que recogen el aparejo las que dejaron de funcionar, tensando pero no recogiendo y provocando la escora. También dijo el ghanés que se le pidió al capitán que soltara los aparejos, pero que éste se habría negado y que, ya con el buque muy ladeado, se paró ese motor.

En un principio Kwesi narró lo mismo que Rial y Padín, pero luego reconoció que eso sucedió así porque había recibido «presiones», término utilizado por él mismo.

Pero aquí no acaba la polémica. Después de encontrarse en un bote salvavidas a los tres supervivientes del naufragio y recuperarse nueve de los cuerpos de los fallecidos, solo el capitán y su sobrino llevaban un traje de supervivencia. Según Padín, pidió a toda la cabina llevar un traje especial para sobrevivir en el océano y abandonar la embarcación. Sin embargo, la versión de Kwesi vuelve a diferir y niega esa orden.

«Queremos que se investigue y se aclaren las causas del fallecimiento de 21 personas», exigía en la puerta de los juzgados De Pazo. Sin embargo, son muchas las preguntas que aún persisten y los familiares de las víctimas creen que se ha podido hacer algo más para conocer lo ocurrido ese día de tormenta en Canadá. Una verdad, que a la espera de salir a la luz, permanece desde hace más de cinco meses en lo más profundo del mar.