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Editorial

Los jóvenes escogen la agricultura y la ganadería

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La solución está en conseguir que esas generaciones nuevas quieran quedarse en el mundo rural o regresar de las ciudades

El Programa de Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha contiene convocatorias de ayudas a la incorporación de jóvenes agricultores y ganaderos en los años 2016, 2018 y 2021. Gracias a estas tres convocatorias, se incorporaron a la actividad agropecuaria 772 jóvenes, con una subvención de cerca de los 23 millones de euros. En el conjunto de Castilla-La Mancha, fueron 3.833 las personas que hicieron del sector agropecuario su forma de vida, con una inversión de casi 113 millones de euros. Un hecho a destacar es la presencia cada vez mayor de la mujer, que pasó de ser un cuarto de las solicitudes a ser un tercio de las peticiones.

El sector agropecuario supone el 18% del Producto Interior Bruto (PIB) de Castilla-La Mancha, según los datos portados por el sindicato agrario UPA. Es un sector estratégico para la economía, pero el relevo generacional está más que en entredicho. El balance de incorporaciones de jóvenes ante las jubilaciones es claramente desfavorable y el envejecimiento de agricultores y ganaderos es uno de los principales problemas del sector.

Las ayudas que habilita la Consejería de Agricultura de la Junta de Comunidades son positivas, pero no son suficientes a tenor de las estadísticas. El esfuerzo de la Administración regional es encomiable, pero debe intensificar sus medidas para ayudar a esa regeneración y rejuvenecimiento del sector agropecuario.

El campo no es atractivo para los jóvenes. Es un trabajo duro y sacrificado, en el que el calendario lo marca la meteorología, al igual que los resultados finales, en el caso de la agricultura. Las generaciones que se incorporan al mercado laboral prefieren otras ocupaciones sin tanta dedicación y con un salario más seguro.

La globalización tampoco ayudó mucho, ya que los resultados económicos de cualquier explotación están supeditados a los precios de los mercados globales. Ahora, con la guerra de Ucrania y el encarecimiento de los combustibles parece que los gobiernos giran las estrategias y apuntan a la soberanía alimentaria de los países, pero los dirigentes políticos no se dan cuenta de que desde hace años el campo español pierde efectivos entre los jóvenes. No hubo incentivos para que cogieran las explotaciones de sus padres y los servicios básicos en el mundo rural están en retroceso.

La solución está en conseguir que esas generaciones nuevas quieran quedarse en el mundo rural o regresar de las ciudades, pero esa labor llevará años y el momento histórico que vivimos pide inmediatez para aumentar la producción de alimentos. Para ello, la sociedad debe esforzarse para que el sector primario vuelva a crecer y, para ello, es necesario que los jóvenes regresen a la agricultura y a la ganadería.