«La medicina convencional olvida que respondemos a estímulos»

REDACCIÓN
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Juan Manuel Marín, médico homeopata. - Foto: RUBÉN SERRALLÉ

Juan Manuel Marín es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona y en Medicina y Cirugía por la Autónoma de Barcelona. Su dedicación a la homeopatía ha sido plena.

¿Qué es la homeopatía?

Es un sistema médico que surgió hace dos siglos, que hace un uso racional de los agentes medicinales y basa su acción terapéutica en el principio de similitud.

¿Cuál es su diferencia con la medicina convencional?

La medicina convencional, la que estudié en la Facultad de Medicina, se basa en el principio de los contrarios. Es una medicina que, generalmente, administra una sustancia química a dosis altas que hacen un efecto contrario, de tal forma que si tengo una inflamación me dan un antiinflamatorio, si tengo fiebre un antitérmico y si tengo ansiedad un antidepresivo. La medicina convencional se olvida de que somos seres vivos y respondemos a los estímulos constantemente. Lo que busca esta medicina es una acción terapéutica inundando el torrente circulatorio -la sangre- con sustancias químicas, lo cual en determinados momentos puede estar muy bien.

¿Y qué busca la homeopatía?

La homeopatía, al igual que otros sistemas llamados alternativos como la acupuntura, busca una respuesta curativa, no inunda la sangre con moléculas químicas para hacer un efecto farmacológico, sino que trata de encontrar una respuesta curativa basándose en el principio de similitud. Un ejemplo para entender el principio de similitud sería la cebolla, que irrita los ojos, la mucosa nasal, la laringe y la faringe y produce un cuadro característico de rinitis. Muchos padres con hijos que tienen síntomas iguales, cortan una cebolla para que haga una especie de efecto curativo; ese es el principio de similitud, si la cebolla provoca en el sano un cuadro de rinitis, puede curar al que tiene rinitis. Otro ejemplo, en este caso de la medicina convencional, que llaman efecto paradójico: a los niños hiperactivos se les suministra un derivado anfetamínico, cuando las anfetaminas tienden a excitar..., pues curiosamente al que está excitado este medicamento le tranquiliza. Eso es un efecto homeopático.

¿Qué tipo de componentes lleva la homeopatía?

Hablar de componentes en homeopatía no es adecuado, esto se corresponde más con la medicina convencional. El medicamento homeopático se elabora a partir de sustancias vegetales, animales y minerales que se someten a un proceso de dilución y agitación fuerte siguiendo una serie de escalas. A partir de ahí se obtienen unas diluciones con las que se impregnan los gránulos que se consumen.

¿La homeopatía siempre ha tenido tantos detractores?

La actual contraofensiva homeopática se está produciendo ahora que tiene más aceptación en los ámbitos institucionales. En 2015, la Academia Homeopática de Barcelona fue aceptada como sociedad científica en la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares. Antes había numerosos másteres en universidades españolas y sigue habiéndolos en las europeas. La homeopatía es medicina oficial en numerosos países y se usa de manera muy exitosa en Cuba, incluso para prevenir epidemias. Durante este periodo de aceptación paulatina empezaron a existir secciones de homeópatas, acupuntores y naturistas en muchos colegios oficiales de médico. En 1990 se produjeron en Estados Unidos 425 millones de visitas a médicos alternativos frente a 385 millones de visitas a Atención Primaria, sin contar la especializada. Los sectores que acudían a estas prácticas alternativas eran de clase media-alta y con nivel cultural alto y eso preocupó mucho. En un principio pensé que la ofensiva tenía más que ver con una respuesta ante lo que no se entiende, pero viendo los datos he llegado a la conclusión de que tiene más que ver con el auge y la expansión de las llamadas medicinas no convencionales.

¿A qué se refiere?

Existen 400 millones de personas que hacen uso de la homeopatía y hay del orden de 200.000 médicos que la prescriben. Esta tendencia puede ser preocupante para ciertos sectores. Sin quererlo, te conviertes en un competidor peligroso, pero como en una sociedad de libre mercado no puedes decir que vas a eliminar a tu competidor, utilizas el marchamo de que no es científica, para sacarlo del mercado. Esto es triste, porque estás cerrando el paso a que muchas personas con problemas de salud graves y no tan graves tengan acceso a una medicina que le puede ayudar mucho y que no es incompatible con la tradicional. Podemos trabajar juntos, no somos enemigos, no somos competidores, somos médicos, nosotros ofrecemos posibilidades terapéuticas a la ciudadanía para las que no tiene respuesta la medicina convencional.

¿Cómo pasó de la medicina convencional a la homeopatía?

Cuando yo era estudiante de Medicina, me impactó que el doctor Balanzó, en la Introducción a la Patología General en 3º, dijera que la enfermedad crónica era la asignatura pendiente de la medicina. Se me abrieron los ojos como platos. Con el tiempo, una de las cosas que conocí fue la medicina homeopática. Al principio fui reticente, me costaba entender que con estas bolitas o gránulos se pudiera conseguir una acción terapéutica. Pero superé los prejuicios y mi propio racionalismo científico y vi que la medicina homeopática es una herramienta útil.

¿Hay quien dice que la homeopatía funciona por el placebo?

Decir que la homeopatía es agua podría entenderse en el siglo XIX. Ahora hay estudios científicos de espectometría, microcalorimetría, resonancia magnética y nanotecnología que avalan la autenticidad del medicamento homeopático. Si hablamos de efecto placebo, hay que decir que está implícito en cualquier acto médico; lo que ocurre es que se llama efecto placebo a aquello que no se entiende. Y la homeopatía no se entiende desde el paradigma médico que es hegemónico. [...]

¿Qué razones esgrime para priorizar el consumo homeopático frente al farmacológico?

El medicamento químico es tóxico, lo puedes llamar efecto farmacológico, pero el cuerpo lo percibe como algo extraño a eliminar, de ahí vienen los efectos adversos o secundarios. En los países desarrollados el consumo de fármacos es la tercera causa de muerte, según sostiene Peter Gotzsche.