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«Tenemos que celebrar lo que se ha avanzado y conseguido»

L.G.E.
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La consejera de Igualdad avisa de que si no se festeja lo logrado «corremos el riesgo de caer en la melancolía y la frustración». Además alerta de que muchas veces el riesgo frente a las políticas de igualdad es el «individualismo»

«Tenemos que celebrar lo que se ha avanzado y conseguido» - Foto: Javier Pozo

Blanca Fernández se presenta a la entrevista con un dossier grueso de estadísticas. En todas esas páginas están recogidas con números todas las desigualdades que aún perduran entre hombres y mujeres. «Podría darle miles de datos», comenta. Algunos le preocupan mucho, como el descenso en la incorporación de las mujeres a las ingenierías, carreras tecnológicas o de programación. «Nos preocupa porque ha habido un retroceso importante en la incorporación», apunta, «las mujeres no pueden quedar excluidas, vamos a perder talento». Otros datos se los sabe de memoria. Casi el 80 de las reducciones de jornada por cuidado de hijos las piden las mujeres y el 90 por ciento de las excedencias. Por todas estas cifras y por las renuncias que hay detrás de todas ellas, Blanca Fernández reivindica el Día de la Mujer.

Este 8 de marzo seguiremos viendo mascarillas, pero la situación por la pandemia no es tan compleja como hace un año ¿Qué expectativas tiene el Gobierno de este Día de la Mujer?

Hasta que el 8 de marzo recupere toda su alegría, toda su tensión y capacidad de llenar calles seguramente queda tiempo porque es evidente que la pandemia nos ha dejado huella en todo lo que tiene que ver con la movilización. En cuanto al acto institucional, es una alegría poder volver a celebrarlo en condiciones de mayor normalidad. Son reivindicativos, pero a mi modo de ver deben ser de celebración, de todo lo que se ha avanzado y conseguido. Si no lo hacemos, tenemos el riesgo de caer en la melancolía, la melancolía genera frustración y la frustración desapego.

«Tenemos que celebrar lo que se ha avanzado y conseguido»«Tenemos que celebrar lo que se ha avanzado y conseguido» - Foto: Javier PozoA quien esgrime que no es necesario un 8 de marzo porque las leyes ya recogen esa igualdad, ¿cómo le explicaría lo que significa este día?

A pesar de que las leyes nos otorgan igualdad de derechos en nuestro país, también es verdad que la igualdad de oportunidades y especialmente la igualdad material aún no existe como tal. Las mujeres estamos infrarrepresentadas en el ámbito de toma de decisiones. O si nos vamos a analizar datos estadísticos de cuánto cobran las mujeres y los hombres, o qué tipo de carreras tenemos o qué empleo tenemos, vemos cómo con carácter general la precariedad, los salarios más bajos, las carreras interrumpidas o la renuncia a carreras profesionales se produce casi siempre entre las mujeres.

La igualdad también está en nuestras cabezas, en nuestra cultura y nuestra sociedad. Si hubiese una línea imaginaria del tiempo, ¿en qué punto estaríamos para lograr la igualdad ideal?

Eso es jugar a tener una bola de cristal. Hay estudios que dicen que tardaríamos 150 años a este ritmo en conseguir cotas realmente de igualdad en todos los ámbitos, pero no creo que se pueda saber porque el avance no es lineal. Se producen avances y a veces retrocesos. Hay un movimiento reaccionario que lo cuestiona, que tiene cada vez más apoyo social, como es Vox. También tenemos que tener en cuenta que estamos en un mundo globalizado, interconectado. El que hayamos conseguido avanzar en España en los últimos cuarenta años de una manera espectacular no significa que en buena parte del mundo en los últimos siglos no se haya avanzado nada o se haya retrocedido. No hay que mirar más que a países como Afganistán. La lucha feminista, por la igualdad es una lucha global, planetaria.

Habla de movimientos reaccionarios. Un discurso negacionista se puede detectar con cierta facilidad, pero ¿cuáles son esos mensajes o actitudes más diluidos de los que hay que estar en alerta?

Con carácter general cuando alguna decisión nos afecta negativamente, tendemos a cuestionarla. Son medidas de acción positiva para superar una situación injusta, pero a veces cuando te afecta individualmente, como que para favorecer la contratación indefinida tengas una subvención mayor si eres mujer que si eres hombre, puede ser que algunos hombres no lo entiendan. Yo desde el punto de vista individual lo comprendo. Pero desde el punto de vista colectivo y como gobierno tengo que tomar esa decisión. ¿Por qué? Porque hay aún hay más desempleo femenino que masculino y con mucha diferencia. Hay que utilizar una palanca que lo impulse. Creo que a veces el riesgo que tenemos, yo lo percibo con mucha fuerza, es el individualismo. Solo hay libertad y solo hay progreso si el conjunto de la sociedad es libre y progresa. No vale de nada que haya pequeño porcentaje privilegiado y el resto no.

Vox puede entrar a formar parte de un gobierno autonómico. En estos años ha sido clave para apoyar gobiernos en Andalucía o Murcia ¿cree que las políticas de igualdad se han deteriorado en estas regiones?

Primero hay que decir que si Vox tiene peso político es porque el PP así lo ha decidido. En todas estas comunidades ganó el PSOE las elecciones y si el PP hubiese optado por la abstención, habría gobernado el partido más votado.

Hay mucho de postureo en Vox, es cierto, pero también hay realidades. El pin parental no se puso en marcha porque hubo una clara acción por parte del Gobierno de España para llevarlo al Tribunal Constitucional. Sí que ha habido determinados recortes que se han producido especialmente al principio de la legislatura y luego se han ido diluyendo en medida que Vox no forma parte de los gobiernos.

El gran riesgo es que Vox forme parte de los gobiernos. Ya estamos viendo cómo en Castilla y León, el candidato de Vox dice que hay que derogar las leyes de igualdad y la ley de lucha contra la violencia machista. Esto es muy muy peligroso. Es muy fácil caer en la tentación de que por un sillón se renuncie a este tipo de políticas y tender a invisibilizarlas. Durante demasiados años las mujeres que sufrían violencia machista han estado invisibilizadas y no se sabía ni siquiera cuántas mujeres se asesinaban y por supuesto ni se atrevían a denunciar. Desde que se aprobó en 2004 la Ley integral de Protección de Víctimas de Violencia de Género, hemos reducido un 30 por ciento de media los asesinatos en este país. Las leyes funcionan. Mucho cuidado con las exigencias de Vox porque estamos hablando de vidas humanas, de mujeres, de sus hijos y de una lucha justa.

Después de casi dos décadas con leyes contra la violencia de género, ¿en qué cree que hemos acertado para que se reduzcan las agresiones y en qué aspectos falta aún dar con la clave?

Hemos acertado claramente con haberlo puesto en la agenda política y legislativa. Eso hace que haya medidas concretas para proteger, sensibilizar, defender, luchar. Todavía nos queda mucho por avanzar, sobre todo en especialización y en formación. Hemos mejorado mucho, pero se necesita mucha especialización, especialmente en el ámbito de la justicia donde debería haber, por ejemplo, más juzgados exclusivos y excluyentes de violencia de género. En Castilla-La Mancha solo hay uno, el de Albacete. Si la justicia no está especializada con juzgados específicos es muy difícil avanzar porque cuando necesitas a la justicia estás en una situación extrema y, por tanto, tiene que responder con agilidad.

Las chicas de los ochenta y los noventa sentían miedo al volver de noche a casa por una calle vacía. Pero ese miedo también lo sienten las chicas en 2022. Parece como si no se hubiera avanzado nada...

Las mujeres vivimos con miedo muchas situaciones. El salir por la noche es un claro ejemplo. Yo vivía con miedo y las generaciones actuales viven, no con miedo todo el día, pero sí con cierta prudencia y cierto miedo para ir sola a determinados sitios. A lo que tienes miedo es a un ataque sexual. ¿Hemos avanzado? Yo creo que sí, porque hoy se visibiliza más una realidad que estaba muy oculta.

Hoy las víctimas de agresiones sexuales reconocen la violencia sexual, no solo la agresión, sino el abuso, cosa que era difícil reconocer hace unos años, que teníamos incorporado que te dijeran alguna barbaridad por la calle o que se sobrepasaran con algún tocamiento. Que las mujeres y los hombres identifiquen esto como violencia es un paso social imprescindible para el siguiente paso, que es la mejor protección de las víctimas y, sin duda, la sensibilización.

Pero hoy querría hablar más de igualdad que de violencia. La violencia de género se sustenta porque existen esas relaciones de poder que hacen que nos encontremos más vulnerables a un tipo determinado de violencia. En la medida que conquistemos cotas de igualdad, es evidente que iremos reduciendo también cotas de violencia.

La vicepresidenta Nadia Calviño se ha negado a volver a actos en la que ella sea la única mujer de la foto. Usted como responsable de comunicación en el Gobierno verá muchas fotos a lo largo del año... ¿son muchas en las que todos son hombres o que la única mujer es la que representa al Gobierno?

Sí. Cuando la ministra y vicepresidenta dijo esto, yo la entendí. Esa decisión puede tener una traslación positiva, pues si está diciendo que no va a un acto sin mujeres, ya tendrá cuidado el que lo organiza para que haya más. Pero es una decisión que puede tomar una vicepresidenta o una presidenta, pero no la puede tomar otro tipo de mujeres a otro tipo de nivel, porque si no acabaríamos desapareciendo. Es evidente que todavía hay muchas estructuras muy masculinizadas y eso significa que tenemos que seguir dando la batalla, ni más ni menos.

Su Gobierno critica las políticas de igualdad de Cospedal, pero se puede decir que ella demostró que los castellano-manchegos están preparados para que les gobierne una mujer. Y no ha pasado tanto desde que nació la comunidad autónoma. Entonces todos eran hombres...

Creo que en política se han dado saltos más intensamente que en otros ámbitos. Hay un momento en el que el PSOE decide autoimponerse hacer listas paritarias. En la medida que hemos ido pudiendo, lo hemos ido incorporando a las leyes y ha ido obligando al resto de los partidos. Eso ha hecho que de una manera más acelerada en política se hayan incorporado más mujeres. Todavía hay pocas presidentas, pero hay muchas consejeras, muchas ministras, poco a poco va habiendo muchas más mujeres, no sin dificultades. La política es muy exigente. Nos encontramos con mujeres que nos dicen que no, que en esos momentos de su vida están criando a sus hijos y, sin embargo, cuando le ofreces un alto cargo a un hombre no te sueles encontrar con esas respuestas.

En la política se ha avanzado más. ¿En qué otros ámbitos cuesta más incorporar ese talento?

En prácticamente todos, en el empresarial, el empleo, la ciencia, la universidad, el arte. Si se analiza en todas las carreras, excepto en las tecnológicas, hay más chicas que chicos. Cuando se titulan y hacen cursos de postgrado, hay un número muy equilibrado, pero incluso hay más chicas que chicos, y también cuando se empiezan a desarrollar las carreras profesionales. Pero en la medida que va subiendo el rango de edad te vas encontrando que ese porcentaje va bajando, bajando, bajando. Eso tiene que ver con que las generaciones nuevas se están incorporando con más fuerza. Pero también tiene que ver con que llega un momento vital de las mujeres en el que si no se para tu carrera profesional, se verá ralentizada. Por eso estamos muy empeñados en el Gobierno en el Plan Corresponsables, la conciliación, la corresponsabilidad.Pero el gran cambio se va a producir con el cambio de mentalidad.