«La literatura tiene la grandeza de transfigurar lo vivido»

A.D.
-
Juan Bravo Castillo. - Foto: José Miguel Esparcia

Juan Bravo Castillo, escritor, columnista de La Tribuna de Albacete, presenta mañana, a las 19 horas, en Librería Popular de Albacete, su última novela, Naturaleza muerta, editada por Contrabando.

Ensayos, relatos, traducciones y ahora vuelve a la novela. ¿Por qué? 
Mis primeras creaciones fueron novelísticas; la novela fue para mí el punto de arranque. Después de dos libros de relatos en los años 80, escribí dos novelas, En el laberinto y Naufragio en el tiempo. 
Nunca me amoldé a la novela tradicional, el best seller, si no que intenté experimentar. Me di cuenta que necesitaba saber más, porque la novela no es un territorio en el que te metes por las buenas, hay que trabajar mucho, como pasa con la poesía. Tanto un género como otro avanzaron mucho a lo largo del siglo XX y me di un tiempo, un lento peregrinaje por un desierto, y mientras tanto escribí ensayo e hice traducción. Ya tenía pensada una novela, Naturaleza muerta, como una especie de adiós a la universidad, y me ha llevado cuatro años de trabajo. 
¿Cuatro años de trabajo?
Así es, es curioso, tiene sólo 160 páginas y he podido decir muchísimas cosas y el lector creo que lo podrá comprobar. La podía haber escrito más deprisa, pero he querido que la novela vaya madurando poco a poco, conforme a las nuevas experiencias de mi vida. 
¿Por qué Naturaleza muerta?
Cuando escribes un libro, lo más difícil es ponerle el título; sin embargo, en este caso fue al principio. Una tarde, caminando por los largos pasillos de mi Facultad, ante la presencia de la jubilación, me di cuenta de que navegamos en el vacío, algo falla esencialmente. En la soledad que imperaba en aquellos momentos, pensé en una naturaleza muerta, en esos cuadros de Antonio López y Miguel Cano, donde prácticamente no se ve nadie. El mundo se me vaciaba y surgió el título. 
No es una novela trivial, al estilo de las que se suelen publicar.
Efectivamente, creo que hay una obsesión por el best seller, por la trivialización de la novela. De cada 1.000 novelas, 999, van al hoyo y con esto no quiero decir que voy a pasar a la historia, pero intento marcarme mi propio camino, experimentar. Una anécdota que cuento en esta novela hizo que se desencadenara la acción; la vida es un poco ridícula, irónica, cómica y a partir de ahí partió la historia. 
¿Qué clase de novela es?
Yo diría que es una novela de la conciencia, donde todo pasa a través de la conciencia del personaje central. Es una autoficción en la que un profesor universitario de literatura narra una jornada habitual de trabajo. Observador incansable de lo que ocurre en ese mundo cerrado, el narrador traza un bosquejo de lo que acontece a su alrededor y hace partícipe al lector.