Adolescentes, sexo y padres

María Albilla (SPC)
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La pubertad es una época de descubrimiento y reafirmación en la que la comunicación es tan complicada como importante, más aún en cuanto a temas complejos de afrontar como suele ser la sexualidad

Adolescentes, sexo y padres

La llegada de la adolescencia hace temblar a muchos padres, que saben que viene acompañada por una época de rebeldía y desobediencia probablemente de difícil manejo en el ámbito familiar. Pero también es una etapa complicada para los hijos, protagonistas de un extraordinario cambio físico y psicológico que se escapa de su control. Son dos trenes que avanzan a toda velocidad y que, efectivamente, pueden descarrilar, por eso los jóvenes necesitan a sus padres de una manera muy concreta: siendo conscientes y serenos y capaces de saber ajustarse a los cambios con cierta flexibilidad y con fe en todo el trabajo que han realizado a lo largo de la vida de sus hijos.

Lola Álvarez, licenciada en Pedagogía por la Universidad de Barcelona y autora de Pero ¿qué te pasa? Diez claves para entender la adolescencia en positivo explica que en esta etapa el joven se encuentra en un punto en el que convergen «tres realidades»:

- Su posición en la familia y la relación que mantiene con el resto de los miembros.

- Su modo de relacionarse con el resto del mundo, en el que se incluye el colegio y sus amigos, una posible pareja...

- Su propia transformación física y psicológica, con todo lo esta que conlleva.

Y, precisamente, uno de los cambios más radicales  de esta fase de la vida es el despertar de la sexualidad y hablar de ello aterra tanto a los padres, como a los hijos. A los mayores porque el hecho de que sus pequeños puedan tener relaciones sexuales -e incluso hijos- «les pone en un plano similar», mientras que a los adolescentes les suele incomodar hablar de sexualidad con sus padres «porque no quieren pensar que sus progenitores son también seres sexuales», explica. 

Pero entonces, ¿de quién aprender? Los primeros pasos en el descubrimiento de la sexualidad del joven marcarán incluso sus relaciones íntimas del futuro y los padres tienen mucho que decir aquí, ya que «la conducta sexual de los adolescentes estará en parte dictada por las normas del hogar en el que viven, pero también por los modos de relaciones que imperan hoy en día, es decir, por las redes», explica la autora. 

Álvarez hace referencia también al temprano consumo de pornografía de los adolescentes y el efecto que puede tener.

De hecho, en septiembre del año pasado, Save the Children elaboró el informe (Des)información sexual: pornografía y adolescencia para estudiar el consumo de contenidos sexuales entre este sector de la población y el impacto que tiene en sus relaciones y su desarrollo. El estudio reveló que los jóvenes ven pornografía por primera vez a los 12 años y que casi  siete de cada 10 consumen estos contenidos sexuales de forma frecuente. 

«En la pornografía, los guiones suelen perpetuar actitudes misóginas, abundan los actos donde las mujeres son tratadas como objetos que se utilizan o denigran, y este mensaje no suele caer en saco roto», ahonda la experta, que considera que esta información «les sumerge en una confusión aún mayor». Además, puede hacer que acaben buscando un material cada vez más intenso, «que les aleja de la vida real y de lo que podrían experimentar con una pareja de su edad».

De hoy no pasa

Si hay una cosa clara es que los padres tienen que elegir el momento adecuado para abordar ciertos temas importantes para la sexualidad de sus hijos como los anticonceptivos, la seguridad en las redes, los límites que hay que respetar... Para ello, la psicoterapeuta da una idea a los padres y es que se pongan de acuerdo con sus hijos para encontrar un rato en el que puedan hablar y que lo hagan con antelación para que todos vayan preparados y dispuestos a escuchar y ser escuchados.

Además, recuerda una cosa más a los progenitores para mantener la calma: «Manténte firme y no te sientas coaccionado para aceptar una situación incómoda, tal vez necesites un tiempo para acostumbrarte a aceptar esta nueva faceta del vida de tu hijo o hija».