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En busca del arco perdido de Tarazona de la Mancha

E.F
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El investigador Isidoro Ruiz dedica un libro a los orígenes del aspecto actual de la Plaza Mayor, declarada conjunto histórico artístico en 1978

Lugar donde estaba el arco perdido. - Foto: R.S.

A veces, una pregunta muy sencilla puede llevarte por caminos muy largos que nadie ha pisado jamás. Esto fue lo que le pasó, sin ir más lejos, a Isidoro Ruiz, vecino de Tarazona de la Mancha, que  un día se preguntó por qué la Plaza Mayor de su pueblo es cómo es.

Esta cuestión en apariencia inocente fue el inicio de una investigación que duró casi dos décadas y terminó cuando Ruiz, docente retirado, encontró en el Archivo Provincial una documentación que había estado desaparecida durante décadas, el expediente de la reforma de la Plaza, declarada conjunto histórico-artístico en 1978.

Como es sabido, a la Plaza se accede por cuatro arcos, que son los el de Castañicas, Juan y Medio, Chicharras y el del Ayuntamiento. Pero en 1900 había un quinto, el de Pedro Puma. Se sabe que lo derribaron pocos años después, pero no se sabe el motivo exacto.

«Durante mucho tiempo, se dijo que el culpable fue un prohombre de la época, Pompeyo Vidal, quien llegó a ser senador», afirma, «y se decía que movió hilos para que tumbasen el arco, porque le tapaba la vista desde su casa pero eso es falso, la historia es otra».

La historia comienza a finales del siglo XIX. Por aquel entonces, Tarazona estaba casi incomunicada por tierra, porque el pueblo estaba construido sobre una pequeña meseta, rodeada de cultivos, ríos y afloramientos de agua.

«Desde el sur y el oeste, el acceso era imposible, solo había entrada por las calles Santa Bárbara y Calvario», explica, «y por eso desde el pueblo escribieron al Ministerio de Fomento, para que hiciesen la carretera desde la Estación de La Gineta a Graja de Iniesta».

El tendido de la carretera, que hoy es una calle más de la trama urbana, fue lo que provocó el derribo del arco. Y aún pudo haber caído bajo la piqueta un segundo arco, que se salvó gracias a una visita de los ingenieros de Fomento.

«El arco que se pudo haber derribado es el que está bajo el Ayuntamiento, contiguo a la torre de la iglesia», precisa, «pero no cayó porque los técnicos del Ministerio vieron que era imposible sin dañar tanto el Ayuntamiento como la torre del templo».

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