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Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


¿Más de lo mismo?

16/02/2022

Realmente no ha habido grandes sorpresas en Castilla y León: es una muestra de libro de la dinámica en la que se encuentra inmersa la política española en los últimos años.  A saber: a pesar de la fragmentación política, los dos grandes partidos de siempre, PP y PSOE, siguen siendo los dominadores aunque necesariamente se tienen que servir de apoyos de mayor o menor intensidad para poder formar gobierno. Esa necesidad de contar con 'muletas' tiene en Podemos, ahora en fase decreciente y de incierta redefinición, su punto fuerte en el lado izquierdo del terreno de juego;  y en el lado derecho es Vox, ahora en fase creciente, casi el único punto de apoyo para el PP.    
Ese es el cuadro general en el que se mueve España, con algunas excepciones territoriales, en los últimos años. Lo ocurrido en Castilla y León el pasado domingo es otra señal más de esa dinámica en la que llevamos instalados desde hace años, con fases de brutal polarización, excluyendo por principio el pacto de carril central entre los dos grandes partidos mayoritarios. Para las tertulias queda la discusión si es más nocivo  pactar con Vox o con el conglomerado Podemos+independentistas. Es lo que hay y lo que se ha puesto de manifiesto en Castilla y León de una forma muy representativa. El cuadro general es muy claro: mayoría insuficiente del PP o el PSOE y como condición irrenunciable la  vicepresidencia para el líder del partido muleta a cambio de la investidura. Lo que pide ahora Vox es lo que ha concedido el PSOE a su partido muleta, Podemos, y el PP a Ciudadanos. Así ha sido a nivel autonómico y nacional en estos años y así seguirá siendo posiblemente en Castilla y León, eso sí, después de tensas negociaciones y tiras y aflojas al borde de un supuesto abismo que todo el mundo sabe desde el principio que nunca se llegará a saltar. La política española hoy tiene tantos decibelios de simulación como de irresponsabilidad. Lo sorprendente sería un cambio de ciclo ahora, en Castilla y León, por ejemplo un gobierno del PP con la abstención del PSOE, que los populares lo pidieran, que Ferraz accediera.
Nadie se explicó del todo la convocatoria electoral de Castilla y León. El resultado al final está dentro de lo previsible, sin cumplirse finalmente ninguno de los extremos que se barajaban como posibles.  Ni se ha producido un desbordamiento colosal del PP a lo Isabel Díaz Ayuso, como se pronosticó al principio de la campaña, ni al PSOE le salen las cuentas ni remotamente para formar gobierno, como se llegó a pronosticar en el acelerado final de campaña. En términos generales, gana la derecha y pierde la izquierda. Y llama la atención, claro, el momento de auge de Vox que ha sabido conectar, con un mensaje y una estética muy estudiada, con la Castilla más profunda. Vox convertirá ahora Castilla y León en  punta de lanza para vivir su momento de mayor esplendor que posiblemente todavía no ha llegado, como sí tuvieron el suyo años atrás los otros actores de la nueva política, Podemos y Ciudadanos, en horas bajísimas el primero y en fase terminal el segundo, como también se ha puesto de manifiesto en las elecciones castellanas y leonesas. Podemos tiene un serio problema para conectar con la España interior donde es inviable jugar al corro de la  patata con grupos de tipo independentista. Ciudadanos, que salva algún mueble por el tesón de Francisco Igea y al prestigio de  la exconsejera de Sanidad, Verónica Casado, certifica su muerte lenta tras renunciar en su día el egocéntrico Albert Rivera a jugar un impagable papel de partido bisagra que sin duda alguna hubiera propiciado una dinámica política muy distinta a la que ahora tenemos.
Llama la atención, a modo de elemento peculiar de estas elecciones, la irrupción como asunto más que prioritario en la agenda de campaña del problema de la despoblación y las candidaturas asociadas a esta temática de forma exclusiva. Al final, tras la apresurada configuración de unas listas a las que fueron a parar algunos políticos provenientes de los naufragios de Ciudadanos o Podemos, (¿Qué tendrá la política que a nadie le apetece volver a una actividad profesional?) el movimiento ha despuntado con características arrolladoras sobre todo en Soria, dándole a todo el partido de la España Vaciada un matiz provincial y comarcal más que autonómico o nacional. No es de extrañar si tenemos en cuenta que todos los habitantes de Soria caben en un espacio como el estadio Santiago Bernabéu.