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Juan Bravo

BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Sálvese quien pueda

04/04/2022

No de otro modo podría titularse el eslogan definitorio de este mundo que, a siete días de la Semana Santa, parece incontrolable e imprevisible, o tal es la percepción que la gente tiene de él. Para nuestro presidente Sánchez la culpa en exclusiva del desaguisado es de Putin, y hasta puede que sea así. El Papa Francisco urge a todos los cristianos que renueven sus oraciones para que se detenga esta crueldad salvaje que es la guerra de Ucrania, pero en ningún momento se plantea salir él a su encuentro como hiciera aquel Papa León Magno, que logró detener a las puertas de Roma a aquel otro bárbaro asiático que fuera Atila. Claro que eso era en la época en que se creía de verdad en los milagros. Ahora en cambio somos muchos los que tenemos la certeza de que con oraciones no podemos llegar muy lejos, acaso porque hace mucho que perdimos la fe (con mayúsculas), o acaso porque la canallería materialista se nos ha metido en el alma.
Yo no sé si Vladimir Putin tendrá remordimientos de la absurda carnicería que ha organizado con sus vecinos ucranianos simplemente porque pretendían vivir de un modo distinto; pero de lo que no me cabe la menor duda es que, dejando a un lado el sesgo de la guerra y la contestación que viene provocando en la propia Rusia, por más que haga cuanto puede para imponer su tiránico silencio, a diario se frota las manos de gusto viendo cómo le está saliendo a los países de la OTAN la operación 'medidas para asfixiar a Rusia'. Mucha unidad y muchas zarandajas, pero, de seguir así las cosas, el efecto boomerang va a ser impepinable.
Todos sabíamos que España, como gran parte de los países europeos, tiene su tendón de Aquiles en la energía, pero nos lanzamos con verdadero fervor en pos de las consignas de Joe Biden y de los gerifaltes europeos, aun a sabiendas de que aquí se resfría alguien en Berlín y nosotros cogemos una pulmonía, como así ha sido. Lo de la inflación de marzo pulveriza todos los registros y nos retrotrae a épocas muy tristes. ¿Cómo es posible que viendo el sesgo voraz de la economía pospandémica, el Ejecutivo de Moncloa no tomara sus medidas advirtiendo e incluso poniendo las peras al cuarto a aquellos que viven para amasar, para forrarse a costa de la desdicha ajena, haciendo bueno el dicho de 'a río revuelto….'
Recuerdo como si fuera hoy a un señor muy serio, muy formal, muy caballeroso, albaceteño por más señas, que, dueño de un almacén de hilaturas y géneros de punto, se pasaba el día con el lapicero, de punta afiladísima como no podía ser de otro modo, en la oreja, y en tanto que sus empleados pringaban, él iba de un estante a otro, sacaba una caja tras otra, borraba el precio indicado y le ponía uno nuevo subiéndole las pesetillas de rigor. Y qué cara de satisfacción la suya cuando concluía la operación. Eran los años sesenta y setenta, pero la costumbre pervive y persiste, porque tal es la esencia del buitre, su razón de ser (su ADN, que dicen los modernos). Aquí en este país de llorones, el más tonto, que decía mi amigo Justo Reino, hace relojes, y, para colmo funcionan. Que se lo digan a los avida dolars de los grandes almacenes, o de las gasolineras. Hace años que en este puñetero país, en el que personajes de la talla de Unamuno decían «que inventen ellos», se perdió la solidaridad, la ética e incluso a menudo la decencia, y lo único que vemos es el quítate tú para que me ponga yo. Indudablemente no se debe generalizar. Que hay gente solidaria, generosa, trabajadora y leal, por supuesto que sí, pero, como se sabe, una manzana podrida termina contagiando a las demás. Y lo menos que se puede esperar de nuestros dirigentes políticos es que sean previsores y no esperen que el río se desborde para contar el número de ahogados y hacer balance de los daños. No se puede ni se debe actuar con nocturnidad y alevosía, y hasta con precipitación, en asuntos como el del Sahara y luego permitir que unos cuantos desaprensivos estén machacando a los agricultores, ganaderos y transportistas. ¿Hasta cuándo el terno, la corbata y la púrpura seguirán imponiendo sus leyes al que de verdad curra y se tiene que conformar con las migajas? La pregunta del millón.