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Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


"Vete"

09/08/2022

En esta noche cálida, más bien tropical, en la que el sueño resulta imposible, el cielo despejado de La Mancha me regala contemplar la inmensidad del espacio y sus constelaciones. Allá, la Osa Mayor en forma de carro. Más acá, la Casiopea, con sus cinco estrellas, componiendo una doble v. Allí, la Osa Menor con sus siete estrellas, dibujando una cuchara con su mango. Divisar el firmamento, como en esta noche, mientras los grillos interpretan su sinfonía nocturna, desinfecta ese ego con el que engañamos diariamente nuestra condición mortal. Como un Tales de Mileto de La Mancha, andaba filosofando quien que hoy les escribe, cuando la brisa incipiente que empezaba a barrer la llanura, coló el eco de una de esas múltiples verbenas que se celebran en agosto por los barrios de Albacete y sus pedanías. Creí reconocer en la voz lejana de la vocalista de la orquesta, la rumba Vete del dúo gitano Los Amaya. Aquella canción pegadiza que en los años 70 triunfó en emisoras y casetas feriales. Conforme me llegaba la melodía y la letra de la rumba, divisando el firmamento, la nostalgia, ese dolor por lo perdido, se apoderó de mí. No solo por el paso tan fugaz, como perseidas, de estos 40 años desde que escuché por primera vez aquella rumba. Principalmente, por la magnitud creciente del volumen de la ausencia de tanto ser querido que el paso de los años se llevó por delante. Mis primeras verbenas fueron de la mano de mis padres. Él murió. Salíamos en la canícula nocturna albacetense a tomar un helado a Miquel en la punta del Parque o a El laborioso del paseo ferial. Y luego de vuelta a nuestro chalé de la carretera de Jaén, parábamos a ver aquellas verbenas de verano de barrios como La Vereda. Una noche, mientras la orquesta se arrancó con el Vete de los Amaya, mi padre, que era muy rumbero, sacó a mi madre a bailar. El niño que yo era aún no entendía que la felicidad tan solo era eso. Un momento, un instante, donde la belleza y el amor emergen y se estrechan la mano. Como sucedió en aquella verbena de verano, mientras la vocalista entonaba aquel «Vete, me has hecho daño, vete».