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Diego Izco

TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Un mal ejemplo

05/09/2021

Echan las muelas en el Real Madrid con Mariano, ese muchacho que se cansó de esperar, de pelear, de intentarlo, que firmó un buen contrato a última hora del verano del amor (cuando lo quiso a muerte el Sevilla y alguien pensó en el Bernabéu: «Si Monchi lo quiere, me sirve»). Mariano es ahora un bulto en el vestuario, un chico rebelde que ocupa una valiosa ficha y una taquilla y un dorsal y que a última hora por lo visto dijo 'no' a una cesión al Rayo porque él quería al Valencia… y al final, nada de nada. En el ostracismo pero a gusto. Cómodo. Ganando tela sin apenas responsabilidad, calentando silla en la grada, algún día en el banco y quizás de pie en algún partido copero.

Estos jugadores tienen una coartada verbal («Yo lo que quiero es triunfar en este equipo») que, a estas alturas de la película, ya no cuela. Como los Umtiti en el Barça y los muchos 'umtitis' que hay en el mundo, un día se te presenta la oportunidad porque hay un grande necesitado y tu agente, un tipo despierto y oportunista, ve hueco y mete el pie cuando se cerraba la puerta; firmas el contrato guapo, dices que ansías la gloria, sonríes, estrechas manos y los grandes medios te diseñan perfiles grandilocuentes: «El gol del futuro», «El heredero de Beckenbauer», «La gran promesa», «La revolución adolescente», etcétera. Pero en tu interior albergas a un joven acomodado, sin agallas ni espíritu, como esos críos tirados en el colchón ante una preciosa tarde-noche de junio. ¡Sal y demuestra quién eres… o renuncia a tus privilegios! Pero entonces saca debajo de su culo un papel arrugado donde pone «contrato» (ése fue su gran día, el que firmó aquellos folios, y no otro) mastica chicle con la boca abierta, vuelve a colocarse los auriculares y se tumba de nuevo en la cama. Afortunadamente no son muchos (el jugador quiere jugar, por muy obvio que suene), pero trasmiten un horrible ejemplo a quienes aspiran a llegar a lo más alto.