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Editorial

Podemos vuelve a poner en solfa la credibilidad de España ante la OTAN

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España conmemoró ayer con la solemnidad requerida el 40º aniversario de su adhesión a la OTAN. La aportación de nuestro país a la Alianza Atlántica ha sido ejemplar desde entonces. La presencia en lugares de conflicto de unidades militares, en diversas misiones humanitarias en el exterior y operaciones de mantenimiento de la paz, ha sido siempre bien valorada y es digna de respeto y reconocimiento. Para todos menos para Unidas Podemos, cuyos ministros se apartaron de forma ostensible y desleal de la efeméride. El empeño del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como buen anfitrión de la esperada cumbre de la OTAN que se celebra en Madrid justo dentro de un mes contrasta con la división que la organización transnacional genera en su propio Ejecutivo y con su falta de respuesta a las furibundas críticas por parte de una izquierda rancia y trasnochada.

La agresión rusa a Ucrania, que ha trastocado el orden mundial, convierte al encuentro del 29 y 30 de junio en un evento histórico. El retorno de la guerra al viejo continente obliga a los aliados a replantear toda la arquitectura de seguridad desarrollada durante las últimas décadas y empuja sin remedio a un cambio de postura de la organización para intentar anticiparse a las amenazas que rompen los esquemas geoestratégicos asumidos hasta ahora por la comunidad internacional. Al margen de intentar parar al sátrapa de Putin, los aliados deben hacer frente a ataques en marcha o en ciernes como la instrumentalización de los flujos energéticos o de los movimientos migratorios irregulares, además de analizar cómo afrontar las nuevas incorporaciones a la Alianza de países históricamente neutrales como Finlandia y Suecia (lo que ya ha abierto el debate sobre si van a proporcionar más seguridad o al contrario).

En este contexto, la celebración de la cumbre en Madrid supone una oportunidad única y un hito de referencia para España, que será unos días epicentro de la geopolítica mundial. Sin embargo, se antoja complicado que los aliados comprendan que en el seno del Gobierno del país anfitrión se cobija una izquierda que en este sentido apenas ha evolucionado desde los tiempos de la Guerra Fría. Resulta más que comprensible la desconfianza de EEUU y otros aliados hacia España si se sigue alimentando un dimorfismo cada vez más notorio sobre este particular en la coalición y entre socios: PSOE, favorable a la OTAN, y Podemos, junto a ERC y Bildu, contrarios a la organización atlántica, al aumento presupuestario en Defensa y al envío de armas a las fuerzas ucranianas, y partidarios de una utópica resolución de la guerra a través de la diplomacia. Por supuesto, el caso Pegasus, la incidencia del espionaje al propio presidente y la consiguiente defenestración del CNI tampoco contribuyen a recuperar la credibilidad internacional de un Gobierno en el que anida un partido que ataca a todos los cimientos de la comunidad atlántica.