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Fuente Álamo: Maridaje del vino y el queso

Ana Martínez
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La cooperativa vitivinícola San Dionisio, junto a la quesería y al aceite, pasea el nombre del municipio por los mejores mercados del mundo

Maribel García y María Morcillo, en la plaza principal de Fuente Álamo, frente a la iglesia parroquial de San Dionisio Areopagita. - Foto: Arturo Pérez

Fuente Álamo se asienta en la ladera de un cerro conocido como Cerrón. Tras pertenecer a Alpera, en 1269 pasó a formar parte de Chinchilla y se convirtió en lugar de paso para el ganado, motivo por el cual aparecieron las primeras viviendas de pastores. En el medievo, Fuente Álamo ya existía como una pequeña aldea con ermita y cementerio, recursos de los que no queda nada. No fue hasta 1833 cuando obtuvo el privilegio de villa, momento a partir del cual recibió el impulso colonizador del mayorazgo de Miguel López del Castillo Tejada, que favoreció la ocupación y el cultivo del suelo.

Y así fue cómo Fuente Álamo ha llegado hasta el siglo XXI siendo toda una referencia en la elaboración de reconocidos vinos que están consiguiendo un importante hueco en el mercado, tanto a granel y embotellados como reservas criados en barricas.

Caldos, integrados en la denominación de origen Jumilla, que se elaboran, principalmente, en la Bodega San Dionisio, fundada en 1957. Se trata de una cooperativa vitivinícola que agrupa a la práctica totalidad de los productores, que se distribuyen sobre 5.500 hectáreas con una quincena de variedades. Además de la cooperativa, en la localidad se asientan otras bodegas privadas, una de ellas donde se elaboran espumosos.

Esta importante fuente de riqueza procedente del viñedo y también del olivar, se completa en Fuente Álamo con un relevante desarrollo de otros sectores, como el agroalimentario, especializado en la elaboración de quesos; y el sector del mueble, que ha adquirido renombre con la fabricación de muebles de baño, cocinas y la venta de todo tipo de mobiliario.

A estos se suman otras industrias de fabricación de platos de ducha, remolques de alumnio, servicios agrícolas, suministros de construcción y agrícolas, transporte, autocares...

«En Fuente Álamo se vive estupendamente, yo soy mucho de pueblo, me encanta esa vida sencilla y sana de las zonas rurales, sus costumbres». Son palabras de Maribel García Sánchez, fuentealamera de nacimiento, maestra en Isso (Hellín) durante su vida laboral, que nunca se desvinculó de su pueblo natal, en el que ahora disfruta de su jubilación. Su cuñada, María Morcillo, recaló en Fuente Álamo por amor, donde reside desde hace más de 40 años, donde fue madre hasta en cuatro ocasiones y donde regentó un pequeño multibazar, próximo a la plaza principal del municipio.

Ambas no tienen suficientes palabras para definir sus sentimientos sobre la iglesia parroquial de San Dionisio Areopagita. Se trata de una construcción del siglo XVIII, de estilo neoclásico, realizada por el arquitecto Lorenzo Alonso Franco. La fachada del edificio es sencilla, adornada solo por unos ángeles que sostienen sobre el dintel de la puerta los emblemas del patrón fuentealamero: el báculo, la palma, el libro y la mitra.

El templo se encuentra en la Plaza de España, frente a la Casa Consistorial y numerosos establecimientos hosteleros, bares y restaurantes que tanto por cantidad como por calidad han instigado la fama de parranderos de los fuentealameros. «A nosotros nos gusta mucho estar en la calle y en las terrazas de los bares», reconoce María, que admite que en esta localidad, al margen de su actividad socioeconómica, lo que triunfan son sus fiestas y sus tradiciones.

Un calendario festivo que comienza en enero y febrero con San Antón y San Blas, cuando se mantiene la costumbre de recoger leña y sarmientos del campo para encender luminarias en la víspera.

 

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