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Paco Mora

Paco Mora


Demasiados besos de seda y oro

03/09/2022

Hay una antigua canción titulada El beso en España, que dice poco más o menos, «se puede dar un beso de hermano, se puede dar un beso en la mano, pero un beso de amor, ese no se lo doy yo a cualquiera…». No quisiera que mis posibles lectores me tomaran por un quisquilloso o por un majadero chapado a la antigua, pero querido lector, ¿no te parece que en esto del toreo se están dando hoy los toreros demasiados besos unos a otros? Y eso cuando no se dan una palmadita en el antifonario para felicitar al compañero por su éxito…
En fin, será que yo me he quedado muy antiguo y hay nuevas formas y costumbres que me cuesta asimilar como naturales y adecuadas. Es cierto que, como dice la antigua canción, «hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad». Pero quizás no deberían haber avanzado tanto como para que los toreros se alegren del triunfo del compañero tanto o más que del suyo propio. Posiblemente sean rarezas mías…
Pero se me antoja que si a Frascuelo, aquel granaíno que, según contaba su paisano Bojilla, antes de emprender viaje para marcharse a torear se aseaba sus atributos en la gamella en que bebían los caballos, y le sonaban como cocos, le hubiera dado Lagartijo -que alguien era en el toreo- un beso y una palmada allí donde la espalda pierde su honesto nombre, para celebrar su triunfo, no sé, repito, pero se me antoja que le hubiera atizado un soplamocos que se habría oído en Córdoba La Sultana, por muy Lagartijo El Grande que fuera el uno y el otro acabara vendiendo patatas en el portal de su domicilio de un pequeño pueblo de la sierra de Madrid.
 Y el caso es que hoy sale el toro-toro y los toreros se arriman como fieras, pero tanto besuqueo…

ARCHIVADO EN: España, Tauromaquia, Madrid