Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Una Nelken en Lagartera

16/11/2020

Con poco que una bucee por archivos sobre política, ciencia, historia, cine, arte o periodismo durante las primeras décadas del siglo XX, te das cuenta del enorme capital humano y humanista que nos arrebató la guerra y el exilio. Además de descubrir a las grandes olvidadas de entre los olvidados. Mujeres independientes y libres, intelectuales, polifacéticas y en primera línea, que fueron clave para la modernización que se habría paso en España. Eso me ha pasado indagando en reportajes periodísticos de las revistas de la época sobre los bordados y deshilados de Lagartera. Considerados como los Bordados de España, este arte popular de nuestra Comarca, suscitaba el interés de periodistas de gran prestigio nacional, como ocurrió con Magda Donato, seudónimo cuya firma quedó registrada en La Intemperie, El Liberal, El Heraldo de Madrid, Tribuna, Informaciones, Blanco y Negro, Ahora, Estampa. Ese seudónimo construyó el perfil de una gran periodista y escritora que en secciones como «Féminas» o «Crónicas femeninas», pero también en espacios dedicados a contar cuentos infantiles, dejó plasmadas multitud de colaboraciones periodísticas que se ampliaron con reportajes y algunas obras breves de gran calidad. Uno de esos reportajes con el que me topé se publicó en la revista Ahora de Madrid en 1934, a propósito de la exposición de Rumanía en España. Se da cuenta de un encuentro entre bordadoras rumanas y españolas. Ya en aquellos años existía una preocupación por el declive de esta artesanía popular. La periodista se refiere a ello como «una industria que muere, un arte a la deriva». Y explica como causas de ello a «la tendencia modernizadora, dejar de tejer en casa los lienzos y comprar telas de peor calidad, cambiar técnicas minuciosas y laboriosas por otras más cómodas (el «contado de hilos» por el «lapiceado»), o apartarse en los motivos decorativos de la «raíz pura castellana e inspirarse en revistas extranjeras». «Y así es como, poco a poco, las labores lagarteranas se van perdiendo, se esfuma su carácter, disminuye su mérito y se adultera su sabor, y así fue como su decadencia empezó precisamente cuando empezó su boga a crecer y extenderse. Esta paradoja no pasa de ser aparente, el éxito es el mayor de los peligros cuando se aprovecha al revés, un arte popular no puede convertirse en industria sin una dirección inteligente, so pena de acabar a la vez con los provechos de la industria y con la belleza del arte». Ella sabía de lo que hablaba porque durante los dos años anteriores, había recorrido pueblos y ciudades del país, para una serie publicada en esta misma revista bajo el título «Como vive la mujer en España». No era una recopilación descriptiva o crónicas de aldea en Madrid, era un periodismo comprometido, ético, educativo, crítico con las convenciones sociales y progresista. Llegó a convivir durante un tiempo en la cárcel Modelo de Madrid para un reportaje sobre la vida de la mujer en las cárceles. Esta labor la compaginó con sus actividades como dramaturga y actriz y su activismo feminista. Detrás de Magda Donato estaba Carmen Eva Nelken Mansberger, la pequeña de las hermanas Nelken, educada en un ambiente familiar intelectual (hablaba tres idiomas), moderno y liberal, e interesada desde temprana edad por las actividades literarias y artísticas. Ella eligió construir su brillante carrera tras un seudónimo, posiblemente para no arrastrar la sombra de su hermana, la fotógrafa y política, Margarita Nelken. Una mujer excepcional, que tuvo que exiliarse en México, donde gozó de gran popularidad y reconocimiento en el mundo del cine, teatro y televisión hasta su muerte en 1966. Fue, como tantas otras, una víctima más de la guerra civil y del eterno olvido que hemos arrastrado hacia aquella España que pudimos ser y que expulsamos.