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Editorial

Rusia fuerza el renacimiento de la OTAN y su rearme

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La última vez que la OTAN revisó su concepto estratégico, en la cumbre de Lisboa de 2010, China no aparecía en el texto y Rusia era considerada un socio estratégico. Ayer en Madrid, cuatro meses después del inicio de una guerra a la que no se atisba final y en el momento más sensible para la estabilidad y la paz internacional desde la Segunda Guerra Mundial, los líderes de la Alianza Atlántica acordaron una hoja de ruta para la próxima década centrada en intentar parar la amenaza que suponen Pekín y, fundamentalmente, Moscú y su voluntad demostrada de utilizar la fuerza para socavar el orden internacional. Con unas Naciones Unidas sumidas en la inoperancia, una diplomacia sin frutos y unas sanciones que no están logrando los efectos esperados a corto plazo, el salto cuántico armamentístico de la OTAN es la gran baza frente a Vladimir Putin. 

Si uno de los objetivos de Rusia era alterar el equilibrio del poder militar en Europa, lo ha logrado, pero seguramente no de la manera que pretendía. Estados Unidos realizará su mayor expansión militar en el Viejo Continente en décadas, incluida una base permanente en Polonia y 5.000 soldados en Rumania. También ampliará su despliegue en España, Italia, el Reino Unido y Alemania, además de en los países bálticos. A Rota arribará la flota más poderosa que EEUU ha tenido nunca en España con dos buques destructores adicionales que se sumarán a los cuatro actuales. Con su invasión a Ucrania, en lugar de hacer retroceder a la OTAN a las fronteras previas a la desintegración soviética, el Kremlin ahora tiene enfrente una Alianza más unida que nunca, y a punto de expandirse por el norte con dos potencias que históricamente han sido neutrales, Suecia y Finlandia, y que antes de la guerra nadie situaba tan pronto en el radar de los aliados.

En lo que respecta a España, una vez más ha demostrado su capacidad y eficacia en la preparación de eventos de tal magnitud. Desde la Conferencia de Paz de 1991 a la COP25 de hace tres años, tenemos una exitosa trayectoria en la organización de encuentros internacionales que, sin duda, suponen un inmejorable escaparate al mundo, agrandado con el rol de excelentes anfitriones del Rey y la Reina. En clave política, uno de los objetivos del Gobierno español era lograr que el documento mantuviera cierta atención sobre el flanco sur, y en parte se ha conseguido. Sin embargo, el fugaz brillo de España corre riesgo de apagarse en cuanto viren los focos y deje de morderse la lengua la parte del Gobierno que habitualmente despotrica contra la OTAN y los valores que representa. El esmero de Pedro Sánchez en aferrarse a su proyección internacional para contrarrestar su deriva interna puede quedar hecho añicos en cuanto Podemos rompa el marco de la foto con Joe Biden y se oponga al aumento de tropas estadounidenses y a multiplicar los gastos en defensa.