Domingo Henares


Un escalón más alto

01/11/2020

Por alguna rendija de las ventanas altas, o teniendo en cuenta el ritmo de las puertas giratorias del ministerio de Educación y Formación Profesional, el coronavirus 2020 ha contagiado a la ministra de buenas intenciones en favor de cuantos niños y jóvenes se encuentre por la calle. Pues la señora ministra tuvo la ocurrencia de modificar los criterios legales de promoción de los alumnos de un curso al siguiente, induciendo lo nunca visto en el profesorado, la posibilidad de que un estudiante apruebe, si fuera preciso, las asignaturas que tuviese pendientes. Una especial benevolencia, dada la dificultad de acudir a clase por la enfermedad que a todos nos acecha. Decisión que supone también situarse en un escalón más alto que donde se sientan los ministros, para actuar desde un poder casi divino y hacer que sea bueno lo que es malo (aprobar sin saber) desde una autoridad impropia.
Olvida la señora ministra (como secuela, tal vez, del virus ambiente) que los equipos de profesores, cuando califican a sus alumnos, y para una evaluación global si es precisa, aparte de las notas objetivas tienen en cuenta a toda hora las inclemencias del tiempo, en ocasiones, para ir a clase, la incomodidad de los horarios, el número excesivo acaso de asignaturas, también el de hermanos y por su orden, las condiciones económicas de la familia, el ajetreo que puede haber en su barrio, las fiestas del lugar y hasta los días que a cada uno le toca de estar enfermo. El calor y el frío. Todo cuenta y no hay que volverse de espaldas a la ley.
Los niños y los jóvenes, menos alguno, siguen atentos a la pizarra. Sin hacer ruido.