CARTA DEL DIRECTOR

Francisco J. Martínez


El daño del populismo

10/01/2021

Los populismos son nefastos para una sociedad. Da igual el color político que tengan, porque mueven a las masas sin que tengan un fin en sí mismos, salvo el egocentrismo del líder y sus adláteres. Se puso de manifiesto en el asalto al Capitolio, donde una turba de exaltados irrumpió en la sede de la democracia estadounidense jaleada en un principio por Donald Trump, que no supo reconducir la situación, lo que le costó la vida a cinco personas. Ahora muestra su arrepentimiento, más por las presiones recibidas de medio mundo que por sus propias convicciones, pero las familias de esas cinco personas ya no volverán a ver a sus seres queridos por la incompetencia y las ansias de poder de Donald Trump.
Se dice que los políticos son el reflejo de una sociedad y en Estados Unidos hace años que el peligro del populismo sobrevolaba el Capitolio. Con Trump se culminó, pero sus antecesores tampoco estaban exentos de este pecado político. En España caminamos hacia un modelo donde vale más una buena fotografía del político de turno en una situación dirigida por sus decenas de asesores -de imagen- que una gestión adecuada a las circunstancias. Estos días, cuando la borrasca Filomena azota media España, se pone aún más de relieve que los efectos del populismo ya están entre nosotros. Sube la electricidad un 27% y aquellos que criticaban al Gobierno del PP en la etapa de Mariano Rajoy por un incremento mucho menor ahora callan o escurren el bulto y defienden que en el barrio marginal de la Cañada Real se proporcione luz a miles de familias que en muchos casos estaban enganchadas ilegalmente a la luz y que su modo de vida son las plantaciones de marihuana. Perdóneme, querido lector, pero creo que no nos merecemos una sociedad así.