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Juan Bravo

BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Muerte de un amigo

09/05/2022

El pasado jueves nos desayunábamos con la tristísima noticia del fallecimiento de Domingo Henares, con quien durante años he compartido página en La Tribuna de Albacete, y a quien siempre profesé una gran axdmiración. Auténtico intelectual en la línea de Francisco Pérez, hombre callado, analítico, no exento de ironías y sarcasmos, pero esencialmente austero y comedido, su muerte es un zarpazo más en una ciudad como Albacete, duramente castigada estos tres últimos años con la desaparición de los añorados Ramón Bello Bañón, Antonio Beneyto, Antonio Martínez Sarrión –este último en septiembre pasado– y ahora Domingo Henares. Demasiado duro para una ciudad en la que la Universidad no ha supuesto ese esperado renacer intelectual que se auguraba.
Aunque posterior a la generación de Cal y Canto, en la que figuraban personajes de la talla de José S. Serna, Antonio Gómez Picazo, Ramón Bello y su hermano Manuel, Juan José García Carbonell, José María Blanc y un largo etcetera, Domingo Henares, natural de Puente Génave, y de sólida formación filosófica y literaria, se incorporaría algo más tarde a la vida intelectual de Albacete desde su cátedra de Instituto y desde las páginas del diario La Verdad, con Ferrando y Sánchez de la Rosa, desde el mismo momento de su creación en Albacete poco antes de la muerte de Franco. Y, desde que yo recuerde, siempre estuvo allí, formando parte del paisaje vivo de aquel Albacete que fascinó a Azorín a Baroja, y del que, como bien escribe Antonio Martínez Sarrión en su libro Una juventud (pág. 277), «Aunque distara de ser tan chica como Baroja la conoció, me parece o quiero creer que al principio de los sesenta tenía más encanto que hoy, por modesto y escondido que aquel fuese». Ese Albacete al que se refiere Sarrión –el de Ágora, con Matías Gotor, Benjamín Palencia, José S. Serna o Alberto Mateos–, que logra mantenerse incólume en el tiempo, con el periodista del Campo Aguilar, Godofredo Giménez, Antonio Andújar, y tantos y tantos intelectuales de talla, es ese mismo que hoy está de luto por la muerte de Domingo Henares.
Como filósofo, Henares tuvo la gran fortuna de ejercer como lector de español nada menos que en el parisino Lycée Henri IV, junto a la Sorbona, tan ligado él a las grandes figuras de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. De ahí que toda su vida fuera un vehemente seguidor del autor de La Nausée y de L´Être et le Néant. Como el viejo Sartre, Henares siempre anduvo escindido entre su pasión por la filosofía y su admiración por la literatura; y, en lo que se refiere a este último ámbito, entre la gran poesía y la prosa. Aunque, incluso por encima del filósofo, del ensayista y del literato, se hace imprescindible resaltar su fervor por el periodismo (ámbito cuya producción supera los 2000 artículos, primero, como quedó dicho, en La Verdad, desde donde pasó a La Tribuna de Albacete, donde invariablemente cada domingo daba a la luz su artículo que, por su rigor, su cercanía, su estilo depurado y variedad, eran (fueron o han sido) auténticas perlas.
Es de desear que, más allá de sus libros –Cartas de don Rodrigo Manrique a su hijo Don Jorge (2001), La otra realidad: aproximación al pintor Beneyto (1983), Historia de la aviación en Albacete (1984), Palabra y tiempo de Manuel Alcántara (1978), o El bachiller Sabuco en la filosofía médica del Renacimiento español (1976), entre otros–, algún estudioso de la Universidad o del IEA se encargue de recopilar su amplísima producción ensayística dispersa (Barcarola, Ensayos, Al-Basit, etc.) y, en especial, su legado periodístico, para poder de ese modo dar testimonio de la exquisitez de su pluma y de su enorme sensibilidad a la hora de abordar las figuras de María Zambrano, Ortega, Julián Marías, Ángel García López, etc.
Nos queda el hombre, el amigo, el gran conversador, el humanista, el polemista, siempre agudo, siempre esencial, siempre oportuno. Te echaré de menos, ya desde este mismo domingo. Es lo que tiene la muerte traicionera. Y vaya mi más sentido pésame para toda tu familia y la otra, la de La Tribuna de Albacete.

ARCHIVADO EN: Albacete, Libros