José Fidel López


La calderilla

18/02/2021

Escucho un programa noctívago y me plantea un dilema de difícil resolución. ¿Qué tengo pendiente en la vida? Válgame Dios, pendiente tengo tantas cosas... Pero miren, estos tiempos de pandemia me han permitido, supongo que al igual que a muchos de ustedes, preparar una ambiciosa relación de lo que tengo en el debe, de esas cosas que pude hacer y no hice cuando despreciaba la normalidad porque era como la calderilla que llevo en los bolsillos y que dejo en cualquier cajón del aparador de la entrada de casa o en el cenicero del coche. Pero cuando me faltan unos céntimos para la barra de pan o para el parquímetro, me acuerdo de esas monedas que infravaloré y que ahora me complican el instante sobremanera. 
Así, cuando veo a un amigo, un familiar, un conocido... me reprocho que hace poco más de un año escatimara un abrazo, un beso, un apretón de manos, una conversación -aunque fuera mínima-, y liquidara el encuentro quizá con una palmadita en la espalda -qué chabacano y desconsiderado- o con un levantamiento de cejas y una sonrisa a medio gas. Lo reconozco, suspenso hasta en comunicación no verbal.
Sí. Hemos perdido tantas cosas que ahora se echan en falta. Y no sé yo, sinceramente, si ese mantra de que de esta crisis saldremos mejor me consuela. Visto lo visto, el panorama no pinta nada bien. Tendremos que ponerle empeño. «Me he dado cuenta de que la mayoría de la gente está demasiado preocupada con su propia vida para dedicar a los demás el menor pensamiento», escribió el canadiense Douglas Coupland. Suficiente.



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