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Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


Nostalgia de Filipenses

17/05/2022

El pasado domingo, ejerciendo de paseante sobre mi ayer, me descolgué hasta aquellos inolvidables Filipenses, allí donde el Parque de Albacete nos dice adiós. En ese pequeño y coqueto edificio, que albergó uno de los oratorios de los seguidores de San Felipe de Neri más prestigiosos de Europa, están depositados los primeros recuerdos de mi vida. Pues a su conocido parvulario nos llevaron mis padres, de los cuatro a los seis años, a recibir la primera educación infantil. Hoy, 50 años más tarde, guardo cada recuerdo de su interior. Su entrada, su coqueta capilla, su piso superior como clase improvisada o aquella explanada inmensa de su exterior, hoy cuidado jardín municipal, entonces descampado de pequeños montones formados de calizas blancas. La educación estaba encomendada a las señoritas Montserrat y Paquita. Fueron mis primeros tiempos de contacto con los libros, con la música, incluso fui testigo de una severa, pero respetuosa disciplina. Tiempo de excursiones por el vecino parque y por aquel bellísimo estanque modernista que el nuevo e imponente museo de Albacete se llevó desgraciadamente por delante. Nuestro primer y brillante obispo Arturo Tabera invitó en 1955 al sacerdote catalán don Ramón Mas, que andaba de párroco por Tobarra, instalar este oratorio filipense, que el intelecto de don Ramón colocó en fama europea. Mi segundo padre, el embajador Ramón Armengod, al conocer que yo era de Albacete, me hablaba de que venía a nuestra ciudad a que le confesara el padre Ramón Mas. En 1963, este tímido y culto filipense encomendó al joven albacetense Antonio Escario, luego gran figura de la arquitectura española, levantar el imponente templo de San Felipe Neri, hoy Iglesia de las Angustias. Un ejemplo mundial de la mejor arquitectura religiosa, con indiscutible influencia del credo arquitectónico de Frank Lloyd Wright y su gran obra Unitarian Church en Wisconsin (USA). Muchas noches he soñado con aquel niño de babi escolar y pantalón corto que entraba por aquella puerta hoy clausurada, entonces con toda la vida por delante. El domingo regresé, con la nostalgia que produce lo imposible, a aquella patria que fueron los Filipenses de Albacete.