Domingo Henares


Otra vez hubo silencio

04/04/2021

Durante los siete días santos que tiene la semana una vez al año, el coronavirus que no cesa mandó callar a los cofrades. Así, en este año de 2021, las calles de Jerusalén en todas las ciudades estuvieron desiertas; al tiempo que enmudeció la ronca trompetería de nazarenos que no salían de su asombro, a juzgar por la mirada de ojos redondos en la noche. Y fue entonces cuando los científicos expertos en Astrofísica acudieron en nuestra ayuda para remediar el silencio de las estrellas, con el solo recurso de adentrarnos en los dominios de Internet, ese mundo donde habitamos, de donde nos llegan los ecos de ruidos distintos, el aliento de otros espacios nada más que soñados. Y a la distancia de unos 220 millones de kilómetros que nos separan del planeta Marte, la residencia para generaciones que un día llegarán victoriosas con sus naves. Seremos antepasados.

En ocasiones el hombre oye campanas sobre noticias o verdades que resultan pequeñas. Pero esta vez era como un susurro consolador en la almohada, una caricia en la frente y en la mitad del sueño. Era el anuncio de una esperanza de no estar solos en el universo, por el rumor que nos llegaba del artefacto llamado Perseverance, enviado por la NASA a un lugar tan distante y en misión de buena vecindad. Lo más parecido a un coro acompasado de monjes sin rostro, con esa monotonía que es su forma de rezar. Como los vientos que cruzan por nuestra órbita y serían voces lejanas.

Niños de ahora, con el ritmo veloz de los cumpleaños, pronto llegaréis al convencimiento de que el corazón del hombre es caracola de su propio ruido.