Antonio García


Porno

28/09/2020

Preocupa a los expertos el auge de la pornografía entre adolescentes. Mas de la mitad de jóvenes en edad del pavo consumen esos contenidos a través de internet y piensan, mayoritariamente entre el gremio macho, que esas exhibiciones de acoples son modelos a seguir. Recurrentemente salta esta alarma que es tan vieja como el mundo: los jóvenes prefieren una educación sexual muy visual, con pelos y señales, de modelos reales y turgentes antes que la que se les da en casa -si es que se les da-, o en los institutos, que para más inri se llama «educación afectivo-sexual», un enunciado disuasorio sin aliciente de ludibrio. Los jóvenes optan por una sexualidad en bruto antes que por una sexualidad con moraleja, y si tienen que elegir entre el dinamismo de una coyunda en tiempo real y un mapa conceptual con muchas flechitas, se quedarán con lo primero. Lo contrario sí que sería para mirárselo, como una disfunción sexual. Las hormonas son muy suyas y no admiten aplazamientos; la responsabilidad se descubre en la madurez. Es una lógica de manual que parecen no entender los expertos en cosas de meter, investidos de los atributos que otrora tenían los curas. Otras generaciones accedieron a lo mismo a través de las revistas, una forma de desbravamiento quizá no tan universalizada como internet pero igual de efectiva. Sobrevivimos a ellas, del mismo modo en que sobrevivimos a la ausencia de orientadores y psicólogos en nuestros centros de tiza, encerado y tarimas. Que luego las cosas no son tal como las pinta una pantalla también lo descubre por sí mismo el interesado, si además de órganos sexuales, tiene dos dedos de frente.