Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


¡De Venezuela vengo!

08/03/2021

Cada día entiendo menos de política, vamos si es que se puede llamar política a la ciencia o manual de las actuaciones gubernamentales, fuera y dentro de nuestro país o incluso a esas «arengas de partidos en el Congreso» . Y es que, no sé cómo están los países en estos tiempos que vivimos. Si es que la pandemia les ha trastornado un poco más de lo que por sí, ya estaban muchos de ellos, o es que hay que seguir estando presentes en ese «candelero» comunicativo y pendenciero. ¿No sé, la verdad?
Ahora resulta que a la mitad del gobierno de España no le ha gustado la presencia de nuestra canciller-ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, en su visita a Colombia, frontera con Venezuela, que Izquierda Unida critica con severidad, mientras nuestro querido y admirado, el gran Nicolás Maduro, «potencia con sus desafortunadas palabras». Está claro que no se puede hacer labor internacional sin que sea expuesta a una dura crítica que no nos lleva más que a reforzar ese aislamiento en el que nuestro país empieza ya a estar consolidando.
Y es que, amigos, Nicolás Maduro, el sucesor de la revolución bolivariana, fogueado durante años precisamente como canciller de Hugo Chávez, no para de acumular constantes conflictos diplomáticos. Después del roce con la Unión Europea a raíz de las nuevas sanciones a aquellos diecinueve funcionarios o la expulsión de la embajadora de Bruselas en Caracas, viene ahora, sus declaraciones a la presencia de nuestra ministra González Laya en su visita para supervisar los proyectos de cooperación que nuestro país tiene en esa área colombiana donde más de cinco millones de venezolanos han huido como producto de la grave crisis que afecta a ese país de Maduro.
Por eso, cada día me cuesta más entender la política que el Mundo ofrece. Recuerden el tema de Trump en Estados Unidos, que por cierto, aún revolotea y mucho; o la situación de nuestro querido Putin en su Rusia del alma con el disidente Alexei Navalni, de cuarenta y cuatro años, detenido y encarcelado en su patria natal -después de salvarse de un envenenamiento- y ahora, procesado ante el asombro del mundo democrático, demostrando dónde no hay ‘verdadera’ libertad democrática, o si no, vayan ustedes a releer las constantes difamaciones que nuestro rey Juan Carlos está recibiendo, eso sí, muchas ganadas a pulso, pero dónde el respeto está ausente, cuando fue Rey de España y tanto tuvo que ver en aquel golpe de Estado de reciente aniversario.
Así, juzguen ustedes. La democracia nos permite libertad de expresión, pero hay que hacerlo con todo ese respeto que el mundo y las sociedades merecen, por lo menos, con ese respeto que nuestros padres, protagonistas jóvenes en la guerra civil y producto de la posguerra española, tanto nos enseñaron a todos los que ahora hemos entrado en canas, si es que pelo te queda. ¡Respeto y respeto!