EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Tutelados

06/10/2020

Hay iniciativas del Gobierno que sorprenden al ciudadano pues parecen responder menos al beneficio público que a los intereses de quien las presenta, para hacerse notar y justificar su razón de ser, especialmente en algunos ministerios cuyos titulares han sido nombrados sin otro merecimiento que la necesidad de Sánchez de complacer a sus socios de extrema izquierda.
Así se han proyectado disposiciones sobre el consumo que han provocado controversia, concretamente sobre las cosas de comer con las que la sabiduría popular dice que no se juega.
Una de ellas va en contra de las Fast-food y, desde el punto de vista sanitario me parece saludable, pero hay que atender a otras consideraciones importantes.
La comida basura contiene grasas saturadas, y azúcares excesivos, sea en la bollería, precocinados, hamburguesas, bebidas azucaradas o fritos, que perjudican a la salud. La buena estrategia para reducir su consumo es la publicidad orientadora para el comprador y una reformulación más saludable en el fabricante. Pero hay una tercera que va a impulsar el Ministerio que es gravar fiscalmente su consumo. La comida industrial perjudica la salud, pero es muy barata con lo que encarecerla perjudica a las clases más desfavorecidas que son sus consumidores. La inevitable realidad es que alimentarse mal es muy asequible, y la dieta buena sólo está al alcance de los pudientes. Un modo práctico sería informar sobre la alimentación saludable y —sin gravar nada— que cada uno elija qué comer según sus gustos y posibilidades.
El segundo asunto es que el Grupo Municipal de Unidas Podemos en Collado Villalba ha propuesto los lunes sin carne para que esos días no se venda ni se consuma carne en los hogares, cafeterías, restaurantes y centros académicos. incluyéndolo como cláusula en los contratos, convenios y concesiones que firme el ayuntamiento con las empresas. Se hace con la triple intención de mejorar la salud, luchar contra el cambio climático y evitar el maltrato animal. Si la primera finalidad es real y la segunda probable, la tercera es absurda. Todo, dentro de una literatura ingenua que propone sustituir la carne por «alimentos saludables y agradables».
Este espíritu ordenancista, que acaba pasando de la información al edicto y del consejo a la prohibición, coarta la libertad de las personas, que exclamarán: ¡Saquen sus manos de mi plato! Aquellos que sólo pueden comer carne algunos días, encima han de abstenerse los lunes.
El gastrónomo gallego Luis Domenech está de acuerdo y propone mejorar el plan: «Los lunes sin carne por el maltrato animal, los martes sin pescado por la contaminación del mar, los miércoles sin leche para luchar contra las emisiones de CO2, los jueves sin fruta ni verduras, en protesta por el uso de pesticidas que contaminan las aguas, los viernes sin salsas, para reducir el colesterol, los sábados sin dulces para evitar la diabetes y la obesidad, y los domingos sin pan, que engorda».
Admito recomendaciones, pero nunca imposiciones. ¡Por favor, déjenme vivir insano desayunando chocolate con churros en lugar de sobrevivir saludable con un porridge de avena!