Paco Mora


Poder, dinero y amor

17/10/2020

Lo dio a entender el portavoz de la Organización Mundial de la Salud, más o menos así: «La guerra de guerrillas entre políticos se traducen en más muertes». Y no se ha equivocado. Nuestro país es la demostración fehaciente de tal aserto. Y tras la muerte, la ruina que amenaza con el retroceso social, el hambre y la miseria. 
Hasta el flemático ministro de Sanidad, el catalán Illa, se ha desmelenado últimamente contagiado por el enfrentamiento entre el Gobierno de la nación y el de la Autonomía madrileña. ¿Pero cuándo se darán cuenta nuestros poncios de que las vidas de los españoles, desde los Pirineos a Tarifa y desde la raya con Portugal hasta el Mediterráneo, son infinitamente más importantes que sus ansias de mangoneo? ¿Qué tendrá el poder, que obnubila las mentes más preclaras cuando lo huelen aunque sea de lejos? Un anciano casi centenario ya, me dio hace muchos años la respuesta…
Cuando Konrad Adenauer, canciller de la República Federal de la Alemania Occidental y uno de los padres de la Unión Europea, visitó Cataluña con su esposa tuve la oportunidad de hacerle una corta entrevista durante la visita que el longevo matrimonio giró al Monasterio de Montserrat, guiado por los frailes que tienen a su cargo aquel monumento de la fe cristiana en tan bello y singular paisaje. Adenauer tenía más de 90 años y le pregunté por el atractivo que podía tener para un hombre de su edad el poder político. El canciller me contestó muy serio: «El poder, el dinero y el amor son los tres motores que mueven el mundo. Cualquiera de ellos justifica la permanencia de un hombre en la política». Me sonrió con picardía, y siguió contemplando el grandioso paisaje que se abre hasta el horizonte desde la montaña de Montserrat.