Elena Serrallé


Murphy, tenemos que hablar

23/09/2020

Murphy, bonico, que corra el aire. ¿No os pasa a veces que tenéis la sensación de que alguien (Murphy) está experimentando con vosotros para desarrollar su teoría? Me refiero a aquella máxima de «si algo puede salir mal, saldrá mal». Llevo un par de días frita. Me ha pasado de casi todo: organizas cena en casa y se estropea el frigorífico, lo que implica cerveza caliente y olor a pescado como aroma del hogar, sales pitando porque llegas tarde para recoger a tus hijos de la academia y se bloquea la puerta del garaje, vas a llamar al taxi y el móvil te recuerda agonizante un uno por ciento de batería, llegas al despacho y al salir del ascensor se te caen las llaves por esa ranura ínfima que actúa a modo de imán y la impresora te recibe con un error de conexión que provoca un tic nervioso en tu ojo derecho. Hiperventilas.
Y repaso la lista y compruebo angustiada que aún me falta la caída de la tostada por el lado de la mermelada, colocarme en la fila más lenta del súper, perder un calcetín en la colada, entrar en la ducha y recibir esa llamada crucial que llevo días esperando, la extinción de los bolígrafos cuando tengo que anotar información importante, que se me caiga la tuerca del pendiente por el sumidero del lavabo, la rotura de un tacón en medio de la calle Ancha, y tantas otras situaciones que me invitan a plantearme si Bridget Jones me ha poseído.
Me lo tomaré con humor mientras busco desesperada la cámara oculta y espero paciente el grito de Berlanga ordenando un «corten».