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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El PSOE debe aclararse

26/10/2021

En apenas quince días, el PSOE, como socio mayoritario del Gobierno de coalición ha pasado de aprobar el proyecto de Presupuestos Generales del Estado y a celebrar un congreso federal saldado con el abrazo de unidad de todas las figuras del partido, dos hechos que prefiguraban  una etapa sin demasiadas convulsiones en el corto plazo, a verse envuelto en una tormenta perfecta por el debate sobre quién y cómo se aborda la reforma laboral, por el embrollo judicial y el conflicto entre poderes organizados por la pérdida del escaño de un diputado de Unidas Podemos, por el comunicado de EH Bildu asumiendo el daño causado por el terrorismo etarra que escondía otras intenciones y por los reveses en las predicciones económicas. Como suele decirse, la alegría dura poco en la casa del pobre y ahora Pedro Sánchez y la parte socialista del Gobierno tienen que emplearse a fondo a deshacer entuertos.  

Tras la salida de Pablo Iglesias del Gobierno, las relaciones entre PSOE y Unidas Podemos habían entrado en una etapa de enfrentamientos de baja intensidad que, por el talante de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, habían sido más o menos manejables, aunque con roces evidentes como la ley de Vivienda. Pero a medida que se acerca el momento de poner en marcha uno de los asuntos fundamentales que vertebraron la formación del gobierno de coalición, culminar la promesa de la reforma laboral, han empezado las tensiones de alto nivel. El compromiso del pacto de gobierno es su derogación, entendido como un cambio de arriba abajo, y a ello se comprometió también Pedro Sánchez en la clausura del 40º Congreso Federal socialista al proclamar que se pondría "punto final" a la reforma laboral de 2012. 

Además, la intensidad del desbarajuste en el Ejecutivo ha subido varios grados con la reacción de la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, a la retirada del escaño al exdiputado Alberto Rodríguez, por su escaso sentido institucional, y aunque se ha encauzado, las primeras reacciones para denunciar por prevaricación a la presidenta del Congreso, ha abierto un nuevo frente. En este caso, los ecos se diluirán más rápido y quedarán para el inventario de choques entre los socios del Gobierno.  

Lleva razón Yolanda Díaz cuando afirma que la reforma laboral no es una cuestión de quién está al mando sino el para qué es preciso materializarla.  En este caso también hay una cuestión de egos de la que la dirigente del futuro 'frente amplio' dice huir. Con una cuestión más de fondo en la que la ministra de Empleo lleva razón, que los acuerdos están para ser cumplidos. Sin embargo, el PSOE se enfrenta a un dilema ya tradicional en el que tiene muchas posibilidades de acumular pérdidas por la izquierda, con la duda de si las compensará con la vuelta a la centralidad. Si firmó el acuerdo con Unidas Podemos fue por necesidades parlamentarias evidentes en primer lugar;  y luego, porque en ese momento Sánchez venía de un congreso socialista que ganó bajo el lema 'Somos la izquierda', mientras que ahora se presenta como el adalid de la socialdemocracia clásica, con su urdimbre de pragmatismo y escucha atenta de las recomendaciones que vienen de la Unión Europea, representada por Nadia Calviño, que no se caracterizan por su progresismo, pese a que ahora hayan levantado la mano por efecto de la pandemia. En esa contradicción es en la que vive el PSOE y por eso la ministra de Empleo les pide que se aclaren.