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Alejandro Ruiz

EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Desnazificar a Otegi

21/10/2021

Salvando las distancias, Arnaldo Otegi hace como José Ángel Prenda, que en su lógica estrategia de defensa admite la violación de 'La Manada de Pamplona' y pide perdón a la víctima y que conste en su expediente, justo ahora que tiene derecho a solicitar permisos carcelarios, tras haber cumplido cuatro años y tres meses de los quince años a los que fue condenado.
Arnaldo Otegi, cuya libertad depende nuevamente del Tribunal Constitucional, que debe resolver el recurso planteado por sus abogados contra la decisión del Supremo de repetir el juicio anulado en Estrasburgo por un defecto de forma, dice ahora que lamenta el dolor causado por sus colegas a todos los inocentes asesinados, con evidente y oportuna conveniencia procesal calculada, igual que José Ángel Prenda, y en el marco del repugnante juego político que se trae con Sánchez en la búsqueda de un futuro tripartito que se cargue al PNV, y el blanqueo de su partido, con el acercamiento de presos de ETA a las cárceles vascas, y los habituales 'ongi etorri' en las puertas de las prisiones, sin el menor signo de arrepentimiento.
El verdadero arrepentimiento ha de implicar necesariamente un cambio de comportamiento. Con un arrepentimiento genuino, interno, auténtico y sincero, Otegi no tendría ni el valor de seguir en la política, pues el arrepentimiento implica cambio de ideas, de afectos, de actitudes, de convicciones y compromisos. El arrepentimiento verdadero no puede ser una mera justificación o disculpa, implica un deseo espontáneo y verdadero de restituir. No es creíble el arrepentimiento si el supuesto arrepentido no abandona sus viejas convicciones y prácticas, si nada cambia en su vida.
El falso arrepentimiento de Otegi es temporal y forzado, es una condición pasajera y circunstancial, cuando todavía hay trescientos casos sin resolver en los juzgados y los etarras no están colaborando con la Justicia, cuando siguen sin reconocer que ninguno de los atentados de ETA tuvo justificación, y siguen homenajeando en sus pueblos a los etarras que regresan de la prisión, trasladando el mismo odio a las nuevas generaciones.
Como el nazismo, según manifestó el escritor judío alemán Victor Klemperer en 1946, «se había impregnado en la piel y la sangre del pueblo por medio de palabras sueltas, modismos y enunciados impuestos en un millón de repeticiones y asimilados de manera mecánica e inconsciente», durante el período inmediato a la posguerra los Aliados tuvieron que proceder a la 'desnazificación', que consistió en una depuración de la cultura nazi, de toda su influencia en la sociedad alemana y austriaca.
Y aquí, sin embargo, nos dedicamos a blanquear a nuestros pequeños nazis particulares, sátrapas de andar por casa, aquellos que hace nada, insertados ya en un Estado de derecho y pese a la reconciliación que supuso la Constitución de 1978, intentaban imponer sus ideas políticas mediante el tiro en la nuca y la bomba lapa.