CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


El quinto poder

11/01/2021

Nos dice la RAE que la cibernética es el ‘estudio interdisciplinario de la estructura de los sistemas reguladores. En otras palabras, es la ciencia que estudia los flujos de energía estrechamente vinculados a la teoría de control y a la teoría de sistemas.  Tanto en sus orígenes como en su evolución, en la segunda mitad del siglo XX, la cibernética es igualmente aplicable a los sistemas físicos y sociales’.
Y yo creo, además con criterio, lógica y pensamiento, que hay un Quinto Poder que intenta controlar la mente. Y no descubro nada, claro, porque no es una cosa actual, de ahora, con la dimensión de las redes sociales, apoyadas en el Smartphone, no, ni mucho menos, esto es algo que la historia siempre lo redefinió, con aquellos recursos que el momento histórico manejaba. Recordemos al hombre del Neolítico con sus pinturas rupestres para establecer el control espiritual de las tribus, o la civilización romana con sus fiestas en los circos y anfiteatros, sin olvidar las bacanales, donde el pueblo se entretenía mientras el Senado controlaba el poder.
Y es que en cada momento ha estado siempre ahí. La Edad Media y los trovadores para convencer, mediatizar o adoctrinar, el Renacimiento y los humanistas yendo al arte como medio de apaciguamiento o con la creación y difusión de la imprenta para escribir y publicar las teorías necesarias para el convencimiento y la razón, o los mecanismos de esos medios de comunicación en la contemporaneidad, a los que se les llamó Cuarto Poder, provocando las guerras mundiales.
Pero veamos la situación actual. ¡Dale a un habitante de Senegal o de Cabo Verde un smartphone o ábrele un pozo de agua cercano a su vivienda para qué decida¡ y convencido estoy: se irá al teléfono móvil porque con ese instrumento conocerá el mundo, llegará a dónde la vista no puede llegar, interaccionará con otros colectivos y se sentirá más seguro porque el conocimiento enriquece y libera. ¿O no? Así, la patera y su huida a la opulencia es su meta.
¡Pruébenlo y verán! Y es que así está el mundo. Ahora, te compras un altavoz de manos libres, un aparatito de esos que con el bluetooth lo sintonizas y ese altavoz te está controlando por medio del dispositivo. Tienes tu ordenador o tu móvil y estás constantemente jugando a los juegos interactivos por conexión inalámbrica porque desde dónde sea, el control de esa radiación hace de ti un siervo fiel. Desde el ordenador vía internet te llega el anuncio del producto que ellos sabe que tu deseas, necesitas o simplemente, tu ‘gusto personal’ aprecia.
La mente está controlada por las grandes fuerzas de poder. Los gobiernos están controlados por esos poderosos mecanismos económicos supranacionales que dirigen cuándo hay que hacer una guerra, cuando debemos extender un virus y cuando hay que sacar a la luz un invento nuevo. Facebook, Twitter o cualquier red social provoca internautas dependientes, como lo han sido las drogas o los alucinógenos en los niños y adultos de los grupos aborígenes de África Central para crear soldados dirigidos y matar por matar; o las drogas para controlar física y mentalmente a la prostituta obligada, después de traerla engañada desde su hábitat o país de origen; o la drogodependencia de niños y jóvenes para mantener el sistema de enriquecimiento de mafias y organismos estatales. La mente está controlada. Y lo puedes hacer por medio del trabajo o del entretenimiento, porque el ser humano se adapta al momento y a sus situaciones.
Y qué queda. La discusión tonta que ahora se produce entre la persona y el robot. El robot es un mecanismo estanco, con esa llamada inteligencia artificial, que ‘controla’ a la inteligencia natural si ésta está condicionada por los resortes de la inoperancia, la apatía, la dejadez, el desorden o la comodidad. Las sociedades modernas o postmodernas están heridas de muerte y no encuentran el remedio para su cura. Tal vez, nos hemos vuelto tan inoperantes que la mente se ha empequeñecido dejando paso a las mentes privilegiadas de quienes -por maldad o prepotencia- abusan de su poder y convierten este mundo en un recorrido dirigido, vano, inútil y poco esperanzador y aún así, debemos confiar porque no pretendo ser catastrofista, nunca, pero sí, rastreador de males para intentar concienciar, sin que yo sea Nostradamus, pero sí uno más de los que desearía un profundo cambio social, por necesidad y vida.



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