Eloy M. Cebrián


Los otros

31/07/2020

Puede que hayan leído la novela Los asquerosos, del escritor vasco Santiago Lorenzo. Se trata de uno de esos libros que ha triunfado por méritos propios, sin haber recibido ningún premio de relumbrón, sin contar con la firma de un autor mediático (presentador, artista o cocinero) y sin venir precedido por una gran campaña de promoción. Los asquerosos está muy requetebién escrita y derrocha humor, como todas las novelas de Lorenzo, pero además ha sabido conectar con la idiosincrasia nacional porque constituye todo un canto a la misantropía, al odio a los vecinos. ¿Quién no odia a sus vecinos, al menos de vez en cuando? ¿Quién no daría lo que fuera por eliminar de un plumazo a esas presencias estridentes e invasivas que nos atormentan desde el otro lado del tabique? Santiago Lorenzo lo sabe y lo ha elevado a la categoría de buena novela, y por eso al leer las vicisitudes del protagonista, atormentado por unos vecinos que son en efecto asquerosos, nos sentimos identificados. Lo que me pregunto es si el autor habría escrito el mismo libro en el momento actual. A Sartre le debemos la famosa máxima según la cual «el infierno son los otros». Hemos necesitado una pandemia para darnos cuenta de que esto no es verdad. Los otros pueden ser irritantes, incívicos, insoportables, pero también nos resultan imprescindibles. Sin ellos, sin los que nos rodean, nos convertimos en tristes remedos de seres humanos. Aislados, confinados, alejados unos de otros, nos hundimos en la penuria económica y moral. Por ello añoramos aquel mundo que ahora nos parece tan lejano, aquel mundo atestado de personas que se tocaban, que se rozaban, que se abrazaban, que compartían humores y besos a cara descubierta, que no temían el contagio, que no se consideraban mutuamente asquerosos.