Pedro J. García


La cara b del empleo

31/07/2020

Los datos de la Encuesta de Población Activa correspondientes al segundo trimestre del año son el lodo de los polvos de la pandemia sanitaria por el coronavirus. Un aumento del paro, a nivel nacional, en 55.000 personas, lo que hace que el segundo trimestre sea el peor desde 2012, y una disminución de la ocupación que supera el millón de puestos de trabajo son algunos de los preocupantes datos. 
Todo ello es la cruda realidad de la crisis sanitaria, tornada también en económica y que, con el inicio del estado de alarma, a mediados de marzo, nos dejó los ERTE como principal solución para capotear el temporal. Una tormenta de expedientes de regulación temporal de empleo que, en su cara a, afectó a casi cuatro millones de trabajadores, pero que, en su cara b, tiene como protagonistas a los trabajadores del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), quienes es muchas ocasiones sufrieron la ira de los trabajadores afectados a los que no les llegaban sus prestaciones.
La cuerda se quiebra siempre por la parte más débil, en este caso los funcionarios del SEPE, pero es preciso romper una lanza en su favor, porque, sin refuerzo de personal y con el añadido de las dificultades del teletrabajo, tuvieron que gestionar el aluvión de expedientes que se les vino encima. A mí me atendió Pablo, en ocasiones fuera de su horario de trabajo y, ante una situación nueva para mí en mi larga trayectoria laboral, recibí un trato exquisito y la solución a los problemas que me surgieron mientras estuvo inmerso en el ERTE.
En general, tenemos una idea preconcebida y negativa de los funcionarios, en este caso del SEPE, pero la realidad es que hay más Pablos de los que pensamos. 



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