Eloy M. Cebrián


AstraZeneca

26/03/2021

La vacuna de AstraZeneca es a la información del coronavirus el equivalente a Rociíto para la prensa del corazón. Creo que nadie pudo imaginar que algo tan técnico y tan ajeno a la esfera de lo opinable como es una vacuna pudiera dar tanto juego. Es como si todo el mundo tuviera algo que decir sobre el páncreas, sobre la retinosis pigmentaria o qué se yo. Pero en estos tiempos de mentideros mediáticos todos queremos ser tertulianos, y ejercemos la opinión a diestro y siniestro, sin dejarnos amilanar por nuestro amateurismo ni por el hecho de no tener ni zorra idea del asunto que nos ocupa. Pero volvamos a la vacuna de AstraZeneca, cuyos vaivenes son tan destacados que la han convertido en objeto preferido de polémica, como el precio de los alquileres o la trayectoria del F.C. Barcelona. Al principio pensábamos solamente que era la vacuna menos eficaz, la vacuna cutre y, por ende, la más apropiada para inocular funcionarios. Luego, nos dijeron que la compañía que la fabrica es la más viva, la Virgen de la industria farmacéutica, que no cumplía sus compromisos. Después, que no se había demostrado su eficacia en mayores de 55 años. No contentos con eso, la han relacionado con episodios de trombosis y otros accidentes cardiovasculares. Pero ahora resulta que no, que todo eso era cuento, y que en realidad se trata de la purga de Benito de las vacunas, la vacuna de moda. Soy profesor y acaban de avisarme de que van a vacunarme cualquier día de estos. Después de todo lo afirmado y desmentido, debería estar nervioso con la posibilidad de recibir una dosis de AstraZeneca en mis tiernas carnes. Sin embargo, no solo no tengo miedo, sino que me considero un privilegiado por recibirla antes que muchos de mis conciudadanos que seguramente la merezcan más que yo. Ya les contaré.