Luis Arroyo


Francisco Luzón. In Memoriam.

16/03/2021

Subía con desasosiego la escalera imperial que del Paseo de Recoletos llegaba al despacho del presidente de Argentaria. Había concluido el mandato del primer presidente del Consejo Social nombrado en 1991 por Javier Solana, de cuyo Ministerio había dependido la Universidad hasta el momento. Había ejercido el cargo el competente y afable Fernando Novo, a quien había acompañado Manuel Pérez Castell como Secretario General. Realizada la transferencia de las competencias de educación, correspondía en 1996 nombrar nuevo presidente. La ley lo encomendaba al Gobierno de Castilla-La Mancha, sobre propuesta del consejero, Justo Zambrana, con la cláusula de “oído el Rector”. El caso es que a mí no me parecía que un personaje de la magnitud de Francisco Luzón fuera a ocuparse de nosotros. El consejero Zambrana, excelente profesional de las administraciones públicas, sindicalista, Secretario de Estado, culto y hábil creía en cambio en Luzón, quien además de ser presidente del gran banco público era persona progresista y Zambrana estaba seguro de que Luzón se comprometería con el gran proyecto universitario de educación y de democratización social de su tierra, pues era sorprendentemente natural de El Cañavate, provincia de Cuenca. El personaje me parecía inalcanzable y no creía yo que fuera a ocuparse de nosotros, de ahí el desasosiego. Además, no me lograba quitar de la cabeza que el edificio cuya escalera subíamos era el antiguo Palacio del Marqués de Salamanca, el mayor y más competente empresario financiero y de construcción civil del siglo XIX. El pueblo de Madrid había querido, durante el motín de la Vicalvarada, prender fuego al Palacio con él dentro. El caso es que se dio prisa,  se subió a su locomotora en la vía férrea que construía de Madrid a Murcia y sólo paró donde terminaba la vía, en las cercanías de la que hoy es la Dehesa de Los Llanos. Ciudadanos de Albacete le escondieron y protegieron un tiempo. El Marqués quedó tan agradecido que construyo sobre el viejo convento la primera gran finca experimental agrícola de España y unas instalaciones que convirtieron a Albacete en el Biarritz de la temporada de caza.

Al fin llegamos al despacho, se saludaron efusivamente, incluido un tercer personaje con un rostro sonriente que irradiaba simpatía e inteligencia y que se presentó como de Tarancón. Francisco Luzón me miraba con unos ojillos que reflejaban amabilidad y curiosidad. Justo Zambrana presentó la cuestión, hablaron y Luzón dirigió su mirada interrogante hacia el de Tarancón quien dijo más o menos: estás tan alto que te vendrá bien ocuparte de un micro problema tan finito y mensurable como complejo y delicado como es la universidad de tu tierra.

Nunca se me había pasado por la cabeza que nos pudieran ver de ese modo. No cesó la inquietud hasta el día de la toma de posesión. Me dijo Paco en un aparte: “he hablado con José Luis Leal -presidente del Consejo Social de la Universidad de Alcalá de Henares, ex ministro de Adolfo Suarez y a la sazón presidente de la Asociación Española de la Banca (AEB)- y me ha dicho -en la confianza de antigua amistad en el Banco de Vizcaya, - donde ambos se habían forjado- que la misión del presidente del Consejo Social es ayudar al Rector”. Y así lo hizo desde 1996 hasta el cese de mi cargo en 2003, y todavía con el Rector Ernesto Martínez hasta 2009, cuando siendo presidente de Castilla-La Mancha José María Barreda, le sucedió el joven de la sonrisa que irradiaba simpatía e inteligencia y que además era de Tarancón: José Juan Ruiz. Por cierto, que éste, tras ocho años en Washington de economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, acaba de ser nombrado presidente del Instituto Elcano.

Y en efecto, Francisco Luzón ayudó a la Universidad y a sus rectores a mirar lejos, a preparar la programación plurianual a -intentar- conocer semestralmente el estado de las cuentas de ingresos, gastos y caja, a pesar de que la Universidad es la única empresa que no sabe los ingresos del año hasta el mes de octubre, cuando se cierra la matrícula, una distorsión severísima que había llevado a uno de los últimos ministros de Educación de Franco a decretar el comienzo del curso en enero, el famoso año “Juliano”.

Nos ayudó con la Junta. Su criterio ante José Bono y su gobierno valía mucho más, lógicamente, que el nuestro, lo que resultó capital para incrementar la subvención anual conforme a la consolidación de los nuevos centros y de la investigación. Todo fue bien hasta que más de 10 años después se produjo la crisis financiera internacional y tras ella la ciega política de recorte brutal que impuso el gobierno de aquella legislatura trágica.

Nos ayudó con los empresarios y con la Caja de Castilla-La Mancha y el Banco Santander, al que se incorporó meses después de su llegada al Consejo, cuando fue rápidamente desalojado del Palacio del Marqués de Salamanca por los nuevos gobernantes de la Nación. Creo que fuimos la única Universidad que convivió pacífica y fructíferamente con dos Instituciones financieras, Caja y Banco. Juan Pedro Hernández Moltó les dijo a los suyos que del Banco no harían mas que aprender cosas buenas y el Banco dijo que volcarían toda su obra social en las Universidades. Así fue.

Un valor añadido fue el que Emilio Botín nombrara a Francisco Luzón consejero responsable de América, cuyos bancos iban adquiriendo progresivamente, en especial en Brasil. Las Universidades españolas caminábamos a lomos de un gigante en la construcción de las relaciones con el sistema universitario iberoamericano. No existían desde las independencias. Solo había hecho algo importante Javier Solana, cuando creo un programa España-América mas completo que lo que luego fue el “Erasmus”. Financiaban la venida de becarios de postgrado de allá y el envío de nuestros profesores allí. Por vez primera en 200 años las Universidades en español y portugués miraban a España y no solo a Francia o Estados Unidos.

Primero fue el Grupo Tordesillas, en el que participaban mas de 30 Universidades españolas, portuguesas y brasileñas. En dos años había mas de mil investigadores y directores de cooperación universitaria que se conocían y trabajaban en proyectos comunes entre los tres países. A continuación, vino la convocatoria de las conferencias de hasta mil rectores de ambas orillas. Fue una acción visionaria de Emilio Botín, quien a la vez que creaba el banco más grande del mundo en español y portugués dotaba de unos medios extraordinarios a las Universidades. Recuerdo muy bien la reunión de rectores, más de cinco centenares, en Cartagena de Indias, con Francisco Luzón, casi respaldado en la dorada efigie de la “India Catalina”, impulsando nuestro trabajo para la creación de una potente red humana transoceánica de docencia e investigación. Muchas de nuestras universidades aprendieron de su mano todo lo que está escrito en materia cultural, política y emocional. Un tesoro.

Apenas tras dejar el Banco se apodero de su cuerpo lo que hoy hemos conocido como ELA, que Dios confunda. Recuerdo muy bien el primer síntoma, pues le había bajado la velocidad del habla y mostraba vacilaciones que me sorprendieron. Poco tiempo después, me invitó comer con su mujer María José Arregui,  quien para no abandonar el hilo regional, además de guapa, lista y simpática era de Molina, Guadalajara, y me contaron lo que le había caído encima, una enfermedad tiránica y mortal, por la que no le daban mas de 3 años de vida, con un proceso de progresiva parálisis locomotora, con la que terminaría reducido a la inmovilidad absoluta de todos y cada uno de sus músculos sin más posibilidad de vida propia que la conciencia y la fuerza de voluntad, con la comunicación limitada a la que se crea con la conexión entre el iris de sus ojos y un ordenador. Solo aquellos ojos vivos, inteligentes, simpáticos y seductores siguieron así hasta el final.

Aun le dio tiempo para crear su último sueño, una Fundación con su nombre dedicada a financiar la investigación y el conocimiento de la enfermedad y para ayudar a los más de 4.000 pacientes anuales que en su mayoría carecen de los medios y conocimientos para pervivir sin sobrevivir. Ahí esta la Fundación Francisco Luzón, su legado para todos.

Hay más, Ernesto Martínez, a propuesta de la Facultad de Económicas de Albacete, a la que se sumó la Junta de Gobierno en pleno, le invistió en junio de 2011 como Doctor Honoris Causa, con laudatio del decano Angel Tejada. Su discurso abordó los modestísimos origines familiares en El Cañavate, la inmigración obrera hacia la industria del País Vasco, su camino de formación en la cruz del Seminario, algo que hoy no pueden entender las generaciones de la educación publica y gratuita, sus estudios en la Facultad de Económicas de Sarriko y no en la noble Universidad jesuita de Deusto, su acceso al primer empleo en la banca vasca que acogía por vez primera a licenciados de la Universidad pública y bien lejos del nivel social de los que de modo exclusivo accedían a tan preciados destinos. También cabía en el discurso una historia de la economía y de la banca española desde los 70, la de la transición y, sobre todo una historia personal de esfuerzo, de mérito, de éxito pleno, menos en el trágico final.  Puso a su discurso un titulo que lo dice todo: El viaje es la recompensa. ¡Que la tierra te sea leve!