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Pedro J. García

Pedro J. García


Negligencia

26/08/2022

El pasado domingo se celebró la vereda para trasladar varios de los toros que se corren durante estos días en los encierros de Liétor desde la ganadería de La Alpujarra de Alcadozo hasta los corrales del Cañico en la vecina localidad. Un traslado de reses, que tiene su pertinente normativa, no es un espectáculo taurino popular, aunque en ocasiones se disimule muy bien, y cuando las cosas salen mal y trascienden a través de las redes sociales el bochorno es mayúsculo para propios y extraños.
La citada vereda acabó como el rosario de la aurora, con un toro paseando a primera hora por varias calles de Alcadozo, otro por la pedanía de La Herrería, fotografiado junto a un coche fúnebre y con el consiguiente susto para quienes asistieron al funeral, otro -o el mismo- por la pedanía letuaria de Casablanca, varios campando a sus anchas por el campo y, mientras tanto, los arcenes de las carreteras cercanas llenos de coches ¡estacionados! El espectáculo no duró ni una hora ni dos, sino más de 12, porque a eso de las 20 horas un toro todavía rondaba la localidad de Alcadozo.
La negligencia cometida es mayúscula y ahora hay que ponerle nombre a los negligentes, porque no se puede permitir que varios toros estén durante más de medio día rondando núcleos urbanos, con el consigue peligro que conlleva. Afortunadamente no hubo que lamentar ningún daño personal, pero es preciso que se depuren responsabilidades y se tomen medidas para que algo así no se vuelve a producir.
Muchos me tildarán de antitaurino, pero es mi pasión a los toros la que me lleva a relatar estos hechos, porque lo bien hecho, bien parece y en demasiadas ocasiones tenemos al enemigo dentro de casa.