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Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Boris Johnson, el rey del botellón

14/01/2022

La ley del botellón es clara: si no quieres quedarte sin tu bebida favorita, lo mejor es que te encargues tú de la compra. He visto beber al personal ponche con chocolate, Licor 43 con Cointreau y un mejunje que llamaban cerebrito que salía de mezclar Baileys y granadina. Como para acertar.  Esto se bebía en los 90, no me quiero ni imaginar la de potingues que se mete ahora el personal al cuerpo, que lo del pimple es como la jodienda, tampoco tiene enmienda.
Botellones hay de muchos niveles, pero todos con una finalidad similar: beber para pasárselo bien o pasárselo bien mientras bebes un poco, que no es exactamente lo mismo. En las verbenas de los pueblos, un maletero es suficiente para los forasteros que acuden a la fiesta. Los que disponen de una casa grande y aislada, tampoco tienen problema. En cambio, en el caso de las grandes capitales, hace años que se ha convertido en una actividad que conlleva riesgo de multa después de que, afortunadamente, se haya prohibido beber en la calle por el bien de los vecinos y de la limpieza de las ciudades. También está muy penalizado el ruido en las casas, que suele ser consecuencia de un concurrido botellón casero.
Boris Johnson, el primer ministro británico, no tiene problema. Conoce bien que en Reino Unido no está permitido beber en la calle y ha demostrado, además, un claro dominio de la ley del botellón. ¿Solución? Primero, camuflar un botellón en toda regla en Downing Street como un work event, una reunión de trabajo. Segundo, que su propio secretario privado pida por mail a los que vayan a participar en el evento que traigan su propia bebida. Se lo tomaron al pie de la letra y compraron las botellas en el supermercado Tesco Express que hay junto a la estación de metro de Westminster. Y tercero, elegir el jardín de su residencia oficial como lugar para echar unos vasos sin límite, con la confianza que da creerse siempre por encima de los demás.
Lo que ha demostrado el premier es que desconoce el refranero castellano y, en especial, el dicho que anuncia que 'la venganza y el cangrejo de río, se sirven en plato frío'. O eso, o que ha subestimado demasiado al que fuera su asesor estrella y uno de los grandes gurús del Brexit: Dominic Cummings. Es algo así como el Iván Redondo británico. El consultor español fue clave en la moción de censura que expulsó a Mariano Rajoy del Gobierno. Cummings jugó un papel fundamental en la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Al británico le dieron literalmente con la puerta en las narices y no se fue con lo puesto. Guarda miles de documentos, pruebas y secretos que amenazan con acabar con la carrera de Boris Johnson.
Los botellones del primer ministro en pleno confinamiento, cuando millones de británicos estaban encerrados en sus casas con durísimas restricciones, han hundido la popularidad del líder de los tories. Una vez que ha admitido que estuvo en la fiesta, el 66% de los británicos cree que debe dimitir, según una encuesta que ha publicado el Daily Mail esta semana. ¿Saldrá de esta? A saber, más aún cuando ha demostrado muchas veces que tiene más vidas que los gatos.
Lo que ha confirmado el escándalo del partygate es que Boris Johnson está muy capacitado para organizar un buen encuentro festivo. Había vino blanco y vino tinto. No faltaba tampoco la ginebra y otros destilados. Y cumplieron también con otra norma básica de la ley del botellón: ha de completarse con algo de comida, para que no se suba demasiado el alcohol.