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Ramón Bello Serrano

Ramón Bello Serrano


Desquite

20/08/2022

Maquiavelo se bastaba con las Vidas de Plutarco para ordenarse -y concertarse- en el exilio. En la comparación de Timoleón y Paulo Emilio nos habla de la fortuna y de los censores. Los censores tienen facultad para excluir del senado al que vive desarregladamente, «para nombrar al de mayor probidad y para castigar a los jóvenes privando de la dignidad ecuestre al que es disipador». El desarreglo y la disipación parecen influir en los casos de la fortuna -pues la hay buena y mala. Emilio presentó al derrotado Perseo, «envuelto en una mezquina capa, calzado al estilo de su patria y como embobado y entontecido con el exceso de sus males». Emilio, en la sesentena, edad más que tardía para un general, dio sepultura a un hijo cinco días antes de celebrar el triunfo y enterró a otro mediando tercero día desde los desfiles. Plutarco se duele -«y antes todos se horrorizaron de tal crueldad de la Fortuna, que no tuvo reparo en derramar tanto luto sobre una casa abastada de respeto, de júbilo y de fiestas, mezclando los lamentos y las lágrimas con los himnos de victoria y los triunfos». Siempre he tenido reparos -cuando no miedo- al desquite. Siempre creí que lo dado en exceso por azar se recobra a costa del equilibrio personal -y creo, además, que sin reparto la suerte no tendría ocasión de ser: a suerte de unos pocos, desgracia de otros muchos-. Así que no pretendo un gran premio, pues el recibirlo ya me anuncia que recibiré desquite cierto; y en lo social prefiero el arreglo y no la disipación -sé que habré de pagar a prorrata la buena suerte de otros-. A estas cosas les llaman superstición. Emilio consoló a sus conciudadanos afligidos con su infortunio; dijo no temer nunca nada de las cosas mundanas, aunque receló siempre de la Fortuna («cosa inestable y vana») y al observar el viento favorable en el campo de batalla, «no dejé de esperar alguna mudanza o contrariedad». No hay confianza en el vivir (la herencia de Alejandro se malbarató en una hora) y es acertado reprimir el ánimo en la victoria, «estando siempre atentos a lo futuro», por ver qué prepara y cómo el contrapeso para atemperar la felicidad. Se dice que la superstición es contraria a la razón, pero yo creo que ayuda al superviviente cuando espera el desquite -y siempre llega-.

ARCHIVADO EN: Senado