Elena Serrallé


El atrevimiento de la ignorancia

14/10/2020

¿Sabéis lo que me apetece? Me apetece muchísimo poder mantener una conversación con el empresario madrileño que hace escasos cuatro días se quejaba del lamentable estado de la hostelería en la capital de España y lo hacía observando que era desastroso e iba más allá rematando con una frase tan lapidaria como desafortunada: «Esto está muerto, parece Albacete». Sí, me gustaría mucho ahora hablar con él.
Lo primero que le pediría es que situara a mi ciudad en el mapa, igual nos llevábamos alguna sorpresa. Me interesaría mucho saber si alguna vez ha tenido el privilegio de visitar el reino de las navajas, o si conoce a alguien de por aquí, apostaría a que no. He crecido escuchando a mis padres decir que la ignorancia es muy atrevida y cada día me encuentro con ejemplos muy didácticos de esa máxima.
Vino a mi memoria aquel certamen de belleza en que un miembro del jurado, que era embajador ruso, preguntaba a una de las candidatas si sabía de su país, la pobre chica quiso disolverse y aparecer en la luna, pero mantuvo el tipo y con un hilo de voz y de dignidad contestó que «es una tierra maravillosa donde habita gente maravillosa». 
Ninguno de los dos sabía nada de los lugares sobre los que opinaban, la diferencia entre aquella mujer de medidas de infarto y el hostelero criticón es obvia. Ante la ignorancia, agrada siempre o, en su defecto, acuérdate de lo que cantaba nuestro ilustre paisano Manolo García: «Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir».