DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Bozal para ver los ciervos

02/04/2021

Entiendo a los madrileños. Son muchos en poco espacio y, en demasiados casos, malavenidos. Después de un año de pandemia y a un mes para las elecciones necesitan salir y desfogarse. Ayuso quería abrir, pero Sánchez no le ha dejado. Si Ayuso hubiera tenido intención de cerrar, Sánchez habría abierto de par en par. En medio de ese pulso, Page se ha quedado por unos días sin el argumento de la bomba radiactiva vírica madrileña. Si se contagian más porque son casi siete millones de personas que no pueden salir, no es problema nuestro. Saldremos más fuertes y también más independientes, a ver si el separatismo va a ser cosa exclusiva de vascos y catalanes.
En Castilla-La Mancha tenemos la suerte de poder recorrer la región de norte a sur y de este a oeste. Esta región inventada sigue siendo la gran desconocida para los que habitamos unos contornos ahora confinados. El de Almansa sabe poco de Molina de Aragón, salvo que en invierno hace mucho frío, y el de Belmonte rara vez ha escuchado hablar de Almadén, si acaso por aquello de sus minas. Aun no habiendo confinamiento provincial como en Galicia y en Andalucía, tampoco es mal plan que cada uno se quede en su provincia, que siempre hay alguno que en estos tiempos te mira de reojo cuando paseas por su dominio y pide el VAR para consultar si es o no invasión en campo contrario.
Donde ya no hace falta el VAR es en el tema de las mascarillas. No es necesario, ni tampoco hace falta desplegar el metro para medir si se cumple con la distancia establecida al aire libre para prescindir del tapabocas. Vaya por delante que la mascarilla se ha confirmado como una herramienta muy útil para combatir la expansión del virus. Los que se siguen negando a poner el bozal, porque nos aborrega sin solución, seguro que no han tenido un caso complicado cerca y ya no digo una muerte. Pero siendo tan necesario como seguro, en este asunto tan relevante, tanto el Legislativo como el Ejecutivo han demostrado que sus pasos siguen muy alejados de la realidad. Antes de decretarse el primer estado de alarma, cuando desde muchos puntos del mundo nos conminaban a llevar mascarilla de forma obligatoria y en todo tipo de escenarios, aquí vendimos que no era necesario porque generaba una alarma infundada. Si se hubiera dicho la verdad, se habrían recomendado bajo la premisa de que no había, se las quedaban en China y las que llegaban costaban un dineral. Después nos contaron que su uso no se podía imponer porque tenía un encaje legal complicado. Fernando Simón debería responder penalmente por esta y todas las meteduras de pata que tan nefastas consecuencias han tenido. Si ha asumido ser portavoz político del Gobierno, que apechugue con las consecuencias.
Ahora el BOE ha publicado la orden por la que -un año después- hace obligatorio el uso de la mascarilla también al aire libre. Esa orden es fruto de una lenta tramitación parlamentaria que llega cuando la situación está lejos de los peores momentos de la primera y de la tercera ola. Las comunidades costeras, incluidas las socialistas, se han revelado porque no ven a los turistas tomando el sol en agosto y con la cara tapada, aunque estén en la cala más perdida. Yo estos días saldré al monte. Me la pondré, no sea que me cruce con algún venado.