CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Los lunes al sol

30/11/2020

Recuerdo la película del 2002, dirigida por Fernando León de Araona y con protagonistas altamente reconocidos como Luis Tosar, Javier Bardem, Fernando Tejero o Nieve de Medina, en la que todo transcurre en una ciudad costera del norte de España, a la que el desarrollo industrial ha hecho crecer desaforadamente y un grupo de hombres recorren cada día sus empinadas calles, buscando salidas de emergencia. Son funambulistas de fin de mes, sin red y sin público, sin aplausos al final; viven en la cuerda floja del trabajo precario y sobreviven gracias a sus pequeñas alegrías y rutinas. Película luminosa, sombría y genial, en palabras de muchos críticos, que recibió numerosos premios cinematográficos.
Pero no me trae a mí esa cita en la reflexión que pretendo, a pesar de que sea el mismo título como epígrafe de salida.
Me trae la necesidad que ahora tenemos, todos sin excepción, de no olvidar que la Vitamina D es imprescindible para la salud del cuerpo humano; conocida como la vitamina del Sol y también calciferol es una de las vitaminas liposolubles imprescindibles para la formación de dientes y de los huesos en niños, para la absorción del intestino y para el adecuado funcionamiento del aparato locomotor en pequeños y especialmente en mayores.
Y es que amigos, estamos de confinamiento, pero no por ser ahora también momento clave, sino porque estuvimos durante los meses de primavera y verano sin apenas salir de casa, por tanto, apenas pudimos tomar el sol necesario en las estaciones propicias, para acumular las dosis adecuadas de esa vitamina D que ahora nos permitiera en otoño e invierno, con muchos menos días de sol, disponer o tener el repositorio necesario para que nuestra salud no se altere o no se perjudique.
Así es, además del cuidado con el ‘bichito’ que tanto daño nos está haciendo, debemos cuidar otros parámetros necesarios para mantener la salud y la vida, y en este caso, uno de ellos, clave, es almacenar suficiente vitamina D, suficiente Sol, para que todo pueda funcionar adecuadamente, sino ese Covid 19 tendrá mejor campo de abono para su instalación.
Los mayores de 50 años tienen menos capacidad de convertir los nutrientes en vitamina D ya que los riñones, responsables de esta conversión, ya no funcionan igual a partir de esa edad. Así pues, las patologías relacionadas con su déficit aparecen mayoritariamente en la tercera edad. También las personas obesas pueden tener menos circulación de esta vitamina.
Por tanto, ¿qué hacer ante la ausencia de sol o la imposibilidad de tomarlo como hemos hecho en años anteriores?, pues compensarlo con una dieta mediterránea con pescados grasos, como son los pescados azules, atún, salmón, caballa; el huevo especialmente la yema, la mantequilla y el queso, el hígado de ternera, la leche a ser posible entera o los champiñones. Pero claro, estos alimentos tienen la contraprestación del posible aumento de colesterol en la sangre y ello perjudicaría otros condicionantes de salud. Entonces, ¿qué hacer? Pues cuidar todo mucho, porque los riñones con sus cálculos, la sangre con el colesterol en arterias o el hígado con desequilibrio podrían sentirse afectados si el abuso en la dieta proveedora de la vitamina D es abusiva.
Por tanto, una vez que hemos conocido que la falta de vitamina D puede ser un factor en común entre las personas con un cuadro más grave de coronavirus, según un estudio publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism de la Endocrine Society, aprovechemos unos quince minutitos de sol, si es posible cada día que salga en su máxima extensión, aunque haga frío porque nos podemos abrigar, pero fundamental amigos ese dicho de «los lunes al sol», o también, los martes, miércoles, jueves...



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