Ramón Bello Serrano


Papilla

27/03/2021

Triturar con entusiasmo. Picar los músculos de la carne en pequeñas partes. Antaño la prensa del corazón era tan divertida por subida de tono, lo decía todo sin apenas decir nada, iba un paso más allá del eco de sociedad y procuraba el comentario de sobremesa con algún deje de maldad. Hoy se tritura -con entusiasmo-. En los hogares tomábamos unos gramos de Carmina Ordóñez y los picábamos con nuestra picadora doméstica y la salpimentábamos; había un concierto tácito entre la información (carne a picar) y cómo los informados molíamos la pimienta -y el jengibre y el ajo-. Hoy la picadura es máquina feroz -tritura hasta el hueso- y no se detiene y jamás descansa. Es el caso de Rocío Carrasco que nos interroga e intima para absolver a la madre que renuncia a sus hijos -y en esa renuncia se airean sentencias que afectaron a una menor y los pedazos se contraen por la fuerza hasta el movimiento de la cuchilla y el picado llega hasta el juicio de Salomón (la verdadera madre prefiere perder el pleito para evitar el tajo del Libro de los Reyes) y la disposición diabólica de un padre (eso dice ella)- y esa renuncia, así presentada, como un montón de carne encima de la mesita del salón, es como un culto sacrificial que logra reunir -por fin- al tribunal de la familia, donde cada uno salpimienta a su gusto con tal de embutir lo que nos pareció el puchero de la abundancia y que ha restado en amasijo de injuria y sevicia. Hay que poner cuidado en el triturado -de no ser que se pretenda triturar hasta el hueso- por cuanto esta afición de picar a otro u otros (en este caso a la Carrasco y familia) termina por instruirnos y amenaza con desechar nuestra picadora de molinillo para darnos una trituradora para medir la chinchorrería del hogar que, no por ser pequeñas, vienen sujetas a los cuatro sabores fundamentales: salado, dulce, amargo y picante -variantes que facilitan no procurar el encono y adecentar la convivencia-. En este caso de Rocío -caso antiguo y creo que muy gastado- un buen montón de carne va a ser -y lo está siendo- triturada con entusiasmo. Todo lo que se lleva a la boca alcanza para definir a una civilización entera. Y la nuestra acabó en un despojo y una papilla de caca.