Óscar Dejuán


¿Vacuna público o privada?

11/01/2021

La felicidad que nos hemos deseado para el 2021 viene ligada al hallazgo de una vacuna eficaz y segura, amén de su rápida distribución a un precio asequible. ¿Vacuna pública o privada? Eso es secundario. Lo importante es que llegue cuanto antes y sea segura y asequible. La experiencia reciente demuestra la importancia de la colaboración entre la iniciativa pública y privada, así como la superioridad de la primera cuando de innovar y producir se trata. Casi todas las vacunas se han obtenido en laboratorios privados. 
La explicación de esta superioridad la comprendí cuando un amigo norteamericano me preguntó si el personal de las empresas públicas europeas era funcionario. «¿Qué entiendes por funcionario?», le dije, y respondió: «El que cobra lo mismo tanto si se mata a trabajar como si no hace nada. Es una cuestión de incentivos».
Lo que vale para los trabajadores, se aplica con más fuerza a los directivos y propietarios. Las primeras empresas en encontrar la vacuna gozarán de beneficios extraordinarios y cotizaciones al alza. Y se cuidarán bien de que las vacunas sean seguras, pues un fallo podría arruinarles para siempre. 
Tampoco hay que temer que se disparen los precios. La competencia obliga a las empresas privadas a ajustar el precio al coste de producción, que ya incluye el beneficio normal. Los costes de investigación se cubren con patente. La función del Estado en un caso tan importante y urgente como la Covid-19 consiste en anular esas patentes, compensando a quienes tenían derecho a ellas. 
La iniciativa privada será más ágil en la distribución. El Estado debe dar unas normas de seguridad y «dejar hacer». Si los políticos tienen un mínimo de humildad se alegrarán de que en pocos meses toda la población está vacunada y dirán en voz alta: «El mérito no es nuestro. Es un milagro de la iniciativa privada presionada por la competencia».