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Antonio García

Antonio García


Felices Pascuas

10/01/2022

Por segundo año consecutivo veo Felices Pascuas (1954), una deliciosa película «estacional» sin la popularidad de otras como Plácido o ¡Qué bello es vivir! pero que no desmerece de su grandeza. Nadie diría que la película la dirigió Juan Antonio Bardem, quien al tiempo que descubrió su conciencia de clase perdió su credibilidad como cineasta y del que perdurará esta fabulilla navideña sin pretensiones -por más que contenga una formidable secuencia antimilitarista- antes que sus prédicas ideológicas. Las vicisitudes del corderito obtenido en rifa por una modesta familia y buscado angustiosamente tras su robo -versión insospechada de Ladrón de bicicletas- resulta ser, hasta donde yo sé, la más persuasiva invitación al veganismo. Supongo que el ministro Garzón, comunista como Bardem, conocerá al dedillo su filmografía y se me escapan los motivos por los que todavía no ha recurrido a esta película para apoyar sus predicaciones en pro de una vida sana, sin carne. A Garzón le pierde su cobardía y es lógico que, para no soliviantar un pueblo tradicionalmente carnívoro –o «carnícola»-, sea muy cauteloso en sus intenciones de erradicar el sacrificio animal, enredándose en explicaciones logístico-estructurales-sanitarias que consiguen todo lo contario de lo que pretende y que de momento ya lo han hecho el más impopular de los ministros. A un pueblo no se le convence con cifras ni con aportaciones científicas sino con los ejemplos y nada más pedagógico que esta película, que no necesita explicaciones porque habla sola, en voz de esa niña que antes que asistir al sacrificio de su corderito prefiere consumir «repollo, mucho repollo».