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Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


Neme

25/10/2022

Aunque su cabeza llevaba años en fuera de juego, nuestro Neme abandonó la semana pasada el terreno de juego de la vida. Otra camiseta de nuestra infancia, y ya he perdido la cuenta, que se cuelga para siempre en el perchero de la memoria. Fue el salmantino un pilar básico de la historia del Albacete. Uno de esos jugadores cuya llegada cambia el porvenir de un equipo. Como lo fue Julián Rubio en los 80 o el uruguayo Zalazar en los 90. Neme llegó en los 70 a un Albacete deprimido y lo colocó como el Real Madrid de la Regional Preferente murciana. Su fichaje por el presidente Navarro fue todo un acontecimiento para la ciudad. Neme venía de aquel mítico Pontevedra del «hay que roerlo». La temporada 74-75, con Neme de líder, fue un paseo militar por todos los campos de la regional murciana. Una apisonadora de blanco sobre los equipos que visitaban un Carlos Belmonte entrañable, sin luz artificial ni visera en la Preferente, con una zona de General, donde se ubicaba aquel marcador donde el personal cambiaba los goles a mano. Un tiempo, el de Neme, de esplendor en la hierba del Belmonte. De domingos gélidos con aroma a brandy Soberano, que era cosa de hombres, con olor a Farias encendido, con el sabor a salmuera de las bolsas de pipas a duro, con el tacto de la mano del padre que acurrucaba la tuya y de fondo una mítica alineación cuya lectura por los altavoces patrocinaba Publicidad Cóndor: Palazón, Sánchez Roldán, Torres, Leo, Sánchez Fernández, Martínez Rubio, Hernández, Avilés, Huertas, Ernesto, Pablo, Melgarejo, Mayoral, Bejarano, Ginesín, Juanito y Neme. Hace justo un año, nuestros amigos Avilés y Juanito, tuvieron el gran acierto de escribir un libro de aquella temporada, la de los 111 goles. Lo presentaron brillantemente en el Teatro Circo y ya faltó Neme, el de los 90 partidos y 61 goles con el Albacete (Villaescusa). El hombre ha muerto, pero su leyenda se guarda en la memoria de un tiempo. Nos recordó el poeta que la belleza subsiste eternamente en el recuerdo; por eso siempre podremos regresar a aquel centro por banda izquierda del gran Leo, para de nuevo ver volver a elevarse a Neme y de un soberbio testarazo colocar el balón en la red del portero del Atlético Muleño. No fue un gol cualquiera, era el 100. Fue el gol que resume una infancia feliz.