Javier López-Galiacho


Un Estado que no llega

12/01/2021

Escribo esta columna impactado por lo que estamos padeciendo en Madrid desde este fin de semana. Llevo casi 40 años en la capital de España y no había visto nada igual. Algo me recuerda a aquel Albacete del 3 de enero de 1971, con 24 grados bajo cero. Pero nada como lo de Madrid. El panorama a esta hora es, sencillamente, desolador y llevará días restaurarlo. La capital está inmersa en un caos monumental. Calles intransitables con nieve acumulada de más de 30 centímetros. Arboles caídos. Autobuses atravesados. Vaya añito. Parece como si lo inédito se hubiera concentrado en este tiempo de pandemias y filomenas para ofrecernos un paisaje psicótico de Madrid.  Una vez más, ha tenido que ser esa misma sociedad civil a la que siempre culpabiliza y señala el Poder para ocultar su impotencia, la que se ha echado la pala al hombro para abrir caminos entre la nieve y llegar a hospitales y supermercados. El Estado, una vez más, ha llegado tarde. Las vías estratégicas han quedo obstruidas desde la noche del viernes. Llevaba la Agencia Estatal de Meteorología anunciando hace días que lo que se avecinaba iba a ser histórico y aquí, en cambio, nadie ha puesto remedio a lo que ahora es fácil argumentar, tras el desastre de respuesta, que era irremediable. Hace justo un año todo avisaba de la llegada implacable del Covid y recuerden que el Estado, como un don Tancredo, se quedó inmóvil. Pagamos altísimos impuestos para que cuando llega la hora de la verdad, el Estado esté, al menos, a la altura de las circunstancias y de la dignidad de sus contribuyentes. No cabe discusión partidista. El Estado somos todos. Aquellos sanitarios de abril protegiéndose del contagio con bolsas de basura y, como en este fin de semana, cientos de conductores pasando la noche tirados en una carretera de circunvalación de Madrid rogando auxilio, son hechos intolerables. Hemos roído al Estado hasta el hueso y así pasa, que cuando sale por el chiquero de España el toro con trapío, aquel se ve desbordado. Esto es lo que hay: un Estado que o no llega o se queda corto.