Juan José Morcillo


Con el corazón

30/09/2020

Muy feo verán el patio los responsables de la OMS para que ahora nos prohíban saludarnos con el codo y recomendarnos que, en su lugar, nos llevemos la mano al corazón. Así lo ha manifestado su director, el eritreo Tedros Adhanom Ghebreyesus -cuyo nombre espero algún día pronunciar con corrección fonética y sin trastabillarme-; según él, al chocar el olécranon rompemos el metro y medio de distancia de seguridad que hay que mantener con nuestro interlocutor. Yo celebro esta decisión, no porque considere que es una medida necesaria para la prevención de contagios, sino porque nunca me ha gustado mostrar agudamente el codo a alguien; me sabe a un «¡Toma, jódete!» no verbal como el que de pequeños hacíamos en el patio de la escuela cuando le metíamos un gol a los otros.
Con la mano en el corazón. Siempre me ha gustado esta expresión de sinceridad y franqueza. «Mira, querido, con la mano en el corazón te lo digo, cambia de actitud porque no lo estás haciendo bien». Es hasta elegante, vestida de educación y donaire, muy convincente. Pero dicha así, no al contrario: todavía los hay que la usan al revés, «con el corazón en la mano», lo cual no deja de ser una imagen sanguinolenta con tintes remotos a sacrificios aztecas.
Pero sí. A lo que vamos. Muy feo y sucio estará el patio mundial donde nos rebozamos todo el día para que ahora nos recomienden esto. Y en lo que he estado pensando, y quizás estén de acuerdo conmigo, es en que tendremos que vigilar ahora más que nunca la mirada, la luz que pongamos en los ojos cuando nos llevemos la mano al pecho al saludar al vecino o al compañero de trabajo, porque, de lo contrario, si apagamos el brillo de nuestras pupilas y bajamos levemente los párpados, parecerá que estamos dando el pésame en vez de celebrar un encuentro. Sutilezas del lenguaje corporal.
Qué feo, sucio y descuidado está el patio. Dos días después de tomar esta medida anticodal, la OMS nos alerta de un aumento de muertes en Europa ahora que ha comenzado el otoño. Sobran los comentarios, pero no los consejos. Con la mano en el corazón se lo digo: cuídense.