Juan L. Hernández Piqueras


Fiesta nacional

15/10/2020

La semana comenzaba con la celebración de la Fiesta Nacional del 12 de octubre, una fiesta que ha sido, desde sus orígenes en este período democrático, casi patrimonio de las derechas del país, ya fuese por sus perfiles claramente basados en formatos militares y religiosos y también, todo hay que decirlo, ante el desapego de las izquierdas a esos mismos formatos. De hecho lo habitual para tal fecha era el clásico desfile militar y el desahogo vociferante contra el gobierno, siempre que éste fuera de izquierdas, por parte de quienes, así de hecho, están convencidos de que la calle es suya.
Este año no han faltado griteríos, con la sordina de las obligadas mascarillas, contra el presidente de turno, ni marchas militares bajo el cielo de Madrid, en convivencia con los aerosoles del coronavirus esparcidos en el aire de la capital. Pero la fiesta ha sido un tanto desvaída, muy rebajada en comparación con otros años. Y es normal, España no está para fiestas y así se ha querido trasladar a la población en un día como este. Aunque la población va por libre ante un puente festivo tan apetitoso como ofrecía la ocasión y bajo la ceguera e indignación que preside la vida española en tales momentos, definidos por el hecho de que a buen seguro en este año de triste memoria sean más los españoles que han muerto en las camas de los hospitales atenazados por el virus letal que sigue reinando en otoño, que en carreteras por las que circulaban quienes optaron por el puente festivo. Y es que, a falta de fiesta nacional, la abundancia de fiestecitas particulares también cuenta en este «sindiós» que diría nuestro paisano y recordado Cuerda.