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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Etarras en el patio

28/09/2021

En la prisión de Pamplona se proyectó la película ‘Maixabel’, ante casi un centenar de reclusos. Entre ellos no se encontraba ninguno de la decena de etarras que cumple condena en esa prisión, tan cercana al País Vasco, lo que revela cuál es su sentimiento y pensamiento profundo sobre la reconciliación y la asunción del daño causado. Todos ellos permanecieron en el patio de la prisión o en la sala de televisión para no mirarse en el espejo que les pone delante la película de Icíar Bollaín .  

Maixabel Lasa, viuda de Juan María Jáuregui, asesinado por ETA en el año 2000, exdirectora de la oficina de las víctimas del terrorismo en el Gobierno vasco, inició con dos de los etarras que formaban parte del comando que asesinó  a su marido, Ibón Etxezarreta y Luis Carrasco, una serie de encuentros para saber los motivos de su elección, pero sobre todo porque cree en la justicia restaurativa, y que el encuentro entre víctimas y victimarios supone un paso esencial para saber por qué se llegó al nivel de violencia que registró el País Vasco durante los años de plomo, y sobre todo para evitar que vuelvan a repetirse y para mostrar su convencimiento de que a todo el mundo hay que darle una segunda oportunidad. Comprender es el primer paso para lograr la reconciliación y el arrepentimiento es otro más para que las heridas abiertas puedan llegar a sanar.  

Por eso los presos etarras de Pamplona siguieron en el patio, porque les resulta difícil de asumir que la violencia desatada no sirvió para nada, que tardaron mucho tiempo en reconocer que no podían vencer a una sociedad democrática, que las víctimas causadas fueron muertos, heridos y extorsionados inútiles, que fueron capaces de asesinar a dirigentes políticos que cono Jáuregui o Ernest Lluch querían acabar con el terrorismo con la palabra por delante. O lo hacen a regañadientes, por obtener beneficios penitenciarios, sin renunciar a los ongi etorri. Sus jefes políticos que todavía ocupan la primera línea, arrastran los pies, no quieren reconocer que se equivocaron, y sobre todo que perdieron su lucha armada. Aprovechan la generosidad de una sociedad que la ha demostrado ampliamente con la que no tienen empatía. Una sociedad democráticamente fuerte se lo puede permitir. La miseria moral de quien no es capaz de aceptar que cosificó a su víctima antes de pegarle un tiro impide a muchos etarras seguir el camino de los miembros del comando que asesinó a Jáuregui. Por supuesto la construcción mental de Maixabel Lasa no puede ser extendida a todas las víctimas del terrorismo. Pero es un antídoto contra los discursos de odio.   

Los presos etarras de Pamplona no suelen dar problemas, dicen los trabajadores de la prisión, hacen su vida, no suelen mezclarse con los otros delincuentes encarcelados, que estos sí, tras la proyección en la cárcel mostraron su comprensión y su apoyo a Maixabel Lasa.  

El libro de Fernando Aramburu, ‘Patria’ y la película ‘Maixabel’ hacen más por la comprensión de lo que ocurrió en el País Vasco, sobre cómo se sienten las víctimas y sobre cómo debe de ser el proceso de recomposición de la sociedad vasca que muchos discursos de uno y otro lado que parecen anclados en el pasado.