Juan José Morcillo


Hormigas

07/04/2021

gas se dejan ver por mi casa. Salen de la osamenta de hormigón del edificio por los huecos de yeso desprendido entre azulejos y rodapiés, por esos pequeños agujeros a través de los cuales solo se adivina negrura y silencio, un inframundo que nos aterraría si tuviésemos que vivir en él. Los edificios poseen una vida interna que habita en el oscuro ámbito de la invisibilidad y que se arrastra hacia la luz de la vivienda para alimentarse.
Anoche no recogí las migas de la cena y esta mañana, al sentarme a la mesa para desayunar, con los ojos todavía bañados en niebla, he descubierto que las estaba devorando una colonia poco numerosa de hormigas negras como posos de café, de un tamaño inferior a medio centímetro. Una vez leí que son ciegas y que se guían por el rastro químico que las exploradoras van dejando para sus allegadas con el fin de alcanzar la comida y volver con ella al hormiguero. He estado un rato observándolas, mientras se tostaba el pan y se calentaba el café: algunas parecían perdidas, a mucha distancia del grupo y girando en círculos intentando localizar sin éxito la senda; otras, las menos, permanecían inmóviles a la espera de que una hermana se le aproximase y la rescatase del sopor; la mayoría desmigaba aquellas pequeñas migas que se me olvidó recoger anoche, después de cenar.
Animales alimentándose de la rebusca de otros. Nunca terminarán de sorprenderme los asombrosos parecidos que hay entre el comportamiento humano y el del resto de los animales. Personas sin rostro y sin identidad, negros bultos arrastrados por el hambre, de noche saliendo de los oscuros y terribles agujeros en los que se esconden de día, arracimados en torno a los contenedores de basura orgánica en los que queda la rebusca que ha sobrado en la mesa de tantos. Las hormigas de la casa incomodan, producen asco: tan numerosas, una detrás de otras y, luego, devorando los restos orgánicos caídos en la mesa y en el suelo. Con la primavera y el hambre, se dejan ver incluso a la luz del día.